Ahora no me sorprenden las críticas a Messi

El pasado domingo, echando un vistazo a la prensa internacional (algunos tenemos unas aficiones un poco raras), me sorprendió que los medios argentinos criticaran con dureza el juego de Leo Messi con la selección. Grandes titulares le dedicaban al astro argentino, poco menos que crucificado en su país por las últimas actuaciones con la albiceleste. ¿Cómo es posible que critiquen al mejor futbolista del mundo? Hasta la madrugada del miércoles pensaba que esas críticas estaban desproporcionadas. Ahora no me sorprenden, e incluso me atrevo a decir que son más que merecidas.

Cuando media España estaba preparada para irse a la cama, si es que ya no estaba en ella, Sudamérica estaba pendiente del encuentro (supuestamente a vida o muerte) entre Uruguay y Argentina, en el que estaba en juego el pase al Mundial. Abro un paréntesis para decir que ese pasaporte dependía de lo que hiciera Ecuador, que perdió en Chile y le quitó toda la importancia que podía tener el choque en el estadio Centenario de Montevideo.

Yo, como imagino que algunos otros trasnochadores, me quedé a ver el partido, que, por cierto, fue un auténtico petardazo. Pero mi intención, más allá de ver si Argentina iba o no al Mundial, consistía en analizar el juego de Messi e intentar entender las críticas al crack del Barcelona. ¿Cómo es posible que un futbolista cambie tanto entre su club y su selección?

Inexplicable. Messi apenas tocó tres balones y medio en el encuentro ante los uruguayos. El argentino no participó en el juego y sus regates brillaron por su ausencia. Si en el Barça, por ejemplo, actúa al cien por cien, en Argentina (y esto es solamente una comparación que hago yo) está a un veinte por ciento de sus posibilidades.

Por ello, y tras ver su actuación con mis propios ojos, no me sorprenden los titulares que le dedican en Argentina. Se lo merece. Y creo que con la albiceleste puede jugar como lo hace en el Barça. Si no que aprenda de Iniesta, que desarrolla su fútbol tanto en el club como en la selección. Aún recuerdo la ovación en Bosnia.

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