Canalladas: Fútbol inglés vs fútbol español

Recientemente nos sorprendíamos con la noticia de que la Premier League había cortado sus emisiones televisivas internacionales de los partidos los sábados a las cuatro para estudiar el impacto que tendría en la afluencia a los estadios de todas las categorías del fútbol inglés. Mas allá de lo que el estudio refleje, lo que llama la atención es que en Inglaterra se tenga en consideración cuánta gente va a los estadios y el si retransmitir los partidos beneficia o perjudica a los clubes modestos.

Igualitos que en España, donde no solo no se mira por los pequeños, sino que, si es posible, se les pisa la cabeza. Y a los horarios de cada jornada de Liga de Primera División me remito para argumentar lo dicho. Fútbol de Primera el viernes por la noche, los sábados desde las 16:00 hasta las 00:00 horas, los domingos de 12:00 a 14:00 y de 17:00 a 23:00 horas, y los lunes. Con esos horarios apenas queda tiempo para que se jueguen partidos en Segunda, Segunda B o Tercera División sin ser interrumpidos por la Liga de las Estrellas. Porque imagínense esta situación. Pleno invierno, pocos grados centígrados y tiene la opción de ver un Albacete-Betis en el Carlos Belmonte, sin calefacción, o puede ver un Barcelona-Levante en el calor de su hogar o del bar… Y todo esto sin hablar de los precios de las entradas.

En esto que digo encontramos a varios culpables. Por un lado la Liga de Fútbol Profesional, que para empezar hace una severa discriminación entre sus clubes a la hora del reparto del dinero de las televisiones. Una LFP que separa a dos o tres clubes del resto para hacer negocio, habiendo logrado que en la Primera División encontremos estadios desangelados y que dan vergüenza ajena. Miren al Coliseum Alfonso Pérez. O miren Riazor hace unas semanas, cuando no se llenó ante la visita del Barcelona al Deportivo. La LFP está consiguiendo que la gente deje de ir al fútbol.

Pero no solo es culpa de la LFP. La Real Federación Española de Fútbol tiene mucha culpa también. Una Federación que debería velar por los intereses de todos los clubes españoles y que, sin embargo, mira hacia otro lado mientras cuatro vividores destrozan el fútbol. Porque si en Primera División va poca gente al fútbol, en Segunda B las cifras son menos alentadoras. Mientras en Inglaterra las cinco primeras categorías son profesionales y los jugadores cobran sueldos muy buenos, incluyendo salarios de dos y tres mil euros al mes en la Conference (equivalente a la Regional Preferente de España), aquí tenemos una Segunda B que sirve de tumba de gigantes caídos y que espolea las ilusiones de equipos formados por jugadores que tienen que compatibilizar el jugar al fútbol con un trabajo con el que poder ganarse un salario para poder comer. Así de triste y así de real. Y la RFEF permitiendo este escarnio. Permitiendo que la LFP viole repetidas veces a los clubes más modestos. Permitiendo que auténticos caraduras y vividores se encaramen al poder de estos clubes con finalidades individuales que nada tienen que ver con fútbol. Y, sobre todo, permitiendo que el fútbol, que en estas categorías todavía guarda la pureza del deporte y no esta prostituido por el vil metal, vaya muriendo lentamente.

Y para acabar tenemos a los directivos de los clubes. Personas que en una gran mayoría utilizan el balompié para relanzar sus negocios privados y no para trabajar en beneficio del club. Gentes llegadas a los clubes para, voluntaria o involuntariamente, ser su verdugo. Y ejemplos tenemos muchos, empezando por el Logroñés y siguiendo por el Salamanca, históricos clubes condenados a la muerte. Y veremos si otros gigantes no les siguen en breve porque en Murcia han entrado en la UVI, en Santander hay preocupación por el Racing y así un largo etcétera más de clubes que atraviesan muy delicadas situaciones por haber tenido unos pésimos gestores que se olvidaron que el fútbol no es solo negocio.

Y es que tanto la LFP como la RFEF tienen que tener claro que el fútbol no es negocio. En Inglaterra lo saben y lo estudian. Si el club modesto lo requiere, la Federación acude al rescate. Porque no son clubes o dinero. Este deporte creció al calor de los aficionados, que acudían en masa a los estadios de sus ciudades para apoyar a sus equipos. Antes de que las televisiones aparecieran y convirtieran el gran espectáculo del fútbol en un verdadero nido de víboras.

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