Contrarreloj

Laurent Fignon (Foto: www.enciclika.com)

Curioso título el que se me ha ocurrido hoy, quizás porque es como me siento en estas últimas semanas… los que me conocen saben por qué. Rebuscando entre mis recuerdos deportivos, me ha venido a la cabeza uno de esos momentos de la historia del deporte que merecen ser comentados.

Hoy os voy a hablar de una contrarreloj, o mejor dicho, LA CONTRARRELOJ, con mayúsculas. Os lo cuento: esta especialidad del ciclismo consiste en que los ciclistas compiten individualmente por ganar tiempo frente a sus rivales en recorridos sucesivos separados de 1 o 2 minutos. El primero de la clasificación general sale el último y a él le precede el 2º clasificado y principal rival. En 1989 en la carrera por excelencia de este deporte, Le Tour de France (o el TUR como decimos en La Mancha), se decidió en una contrarreloj individual en los Campos Elíseos de París entre dos monstruos de la época, el americano Greg LeMond y el corredor local Laurent Fignon.

El lugar era incomparable y antes de que empezase la crono individual, Fignon aventajaba al americano en 50 segundos, parecía suficiente… no fue así, LeMond hizo la contrarreloj de su vida, arrastrando el pavés de París y agarrándose a los árboles del paseo. Fignon se hundió ahogado entre su público, incrédulo y agotado después de una batalla histórica con su rival en las duras etapas alpinas.

Aquella tarde de domingo, un buen número de parisinos salió de casa (cosa rara en ellos) para ver a su ídolo perder estrepitosamente. Seguramente había muchos padres con sus hijos, buenos aficionados, mucho fanático… y va el Fignon y se estrella, eso no se hace Laurent, voy a intentar buscar la portada de L’Equipe del día siguiente y sigo con el artículo.

No la encuentro, si alguien la encuentra o la tiene que me la mande. Bueno sigo, hago hincapié en lo de la derrota estrepitosa porque para los franceses ser derrotados de esa manera era un ofensa casi bíblica. Un día aprendí que los franceses son los únicos que suelen cagarla cuando juegan en casa, atenazados por la presión, algo así como nos pasaba a nosotros, los españoles. Un día todo eso cambió y Francia rompió su maleficio ganando el Mundial de Fútbol del 1998 jugando en casa y también España, de alguna forma, se ha quitado la espina que arrastraba con los últimos éxitos del basket y el balonmano.

Era aquel Tur en el que nuestro Perico Delgado, que fue tercero, llegó tarde a la primera CONTRARRELOJ y perdió varios minutos (os acordáis, HISTÓRICA CAGADA, sin perdón). En el ocaso de Bernard Hinault surgió el nuevo rey del ciclismo, Greg LeMond, que dominaría varios años hasta que apareció en gran Miguel Induráin.

Aquel día de julio de 1989, LeMond ganó su segundo Tur por 8 segundos de diferencia, la menor ventaja entre un primero y un segundo en la historia de la carrera.

No os voy a negar que tras los últimos 15 años, en los que el ciclismo ha sido vapuleado por las historias de dopaje, me he desenganchado un poco de este deporte, ya me cuesta creer las hazañas y emocionarme como antes. Quizás antes también pasaba pero yo prefiero recordar al caimán Hinault, a los LeMond, Perico, Arroyo, Millar, Francesco Moser, Stephen Roche y a Induráin, tal y como los vi en su momento, escribiendo páginas irrepetibles de este deporte de valientes, casi de superhombres.

Sirva este artículo como homenaje a un campeonísimo como Laurent Fignon, fallecido hace un par de años, héroe malhumorado al más puro estilo McEnroe, que un día fue derrotado increíblemente y paso a la historia por ello.

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