Cuando el Rally Dakar pasa a ser "unas vacaciones"

Israel Borrell

Según mi padre, debería estar casado hace ya diez años y olvidarme de la tontería de la motico, pero si lo llevas dentro y lo has hecho toda la vida, es difícil dejarlo”.

Así habla Israel Borrell, un albaceteño de 38 años que este año ha debutado en el Rally Dakar. Con un café en la mesa y con su medalla en la mano por acabar la prueba de motor más dura del mundo, el piloto manchego habla en Con Dos Pelotas y analiza estas “vacaciones” por América del Sur.

Israel Borrell lleva más de quince años viviendo en Tumbes (Perú), dedicándose a la cría y cultivo de langostinos en una empresa que “funciona bien porque estoy yo”, afirma entre risas. Acostumbrado al calor, porque “el langostino necesita que el agua esté siempre por encima de los 25 grados”, Borrell ha pasado penurias en el Dakar, levantándose muy temprano para comerse “unos espaguetis que no apetecen mucho a las cuatro y media de la mañana” y durmiendo en una tienda de campaña que “al tercer día te parece un palacio”.

En el Dakar corrió sin presión, porque la idea “era solamente terminarlo”, aunque a medida que vas avanzando “te pica el gusanillo para ir subiendo puestos”. Y todo ello sin darle muchas vueltas a la cabeza, porque “si te pones a pensar no te subes a la moto. Por ello se tomó con calma la prueba, sobre todo tras ver cómo “estaban tapando a Thomas Bourgin (falleció en la carrera) porque se cayó poco antes de pasar yo”, o después de evitar una caída al escuchar la alarma de la moto de un piloto que se accidentó delante de él, “pero frené y no me caí, aunque vi al pobre retorciéndose como una lagartija”.

Israel Borrell tampoco se salvó de las caídas, aunque irónicamente dice que “no me he caído muchas veces, unas veinte o algo así, pero el 70% fueron en la etapa de Fiambalá, que es una arena bien engañosa”. Afortunadamente todas esas caídas fueron leves, lo que le permitió llegar hasta el final en Santiago de Chile, un éxito para él que también le sirvió para cerrar las bocas de sus amigos, quienes “apostaron que no saldría de Perú”, territorio por el que transcurrieron solamente las cuatro primeras etapas.

En Perú, donde “poco y lento se va creciendo”, está encantado viviendo en una casita en el campo, “sin tráfico ni humo, disfrutando del mar y de los deportes náuticos”. La semana que viene volverá al país andino, donde seguirá cultivando sus langostinos, que “no es como sembrar alcachofas”. En una gran extensión de tierra, su empresa se dedica “a construir lagunas, fertilizar el suelo y a comprar semillas, que es como se le llama a la larva del langostino. Después, a los cuatro meses, más o menos, cosechamos y preparamos el producto para mandarlo a Europa o a Estados Unidos”.

Tras ganar el Campeonato Nacional de Motocross de Perú, en categoría máster, durante tres años consecutivos (2009, 2010 y 2011), este año decidió pasarse al Dakar. “Ha sido una locura, sobre todo los últimos meses, por eso bien dicen que el Dakar no es una carrera de quince días, es una carrera de un año, porque te pasas todo el tiempo preparándolo”. Para ello tuvo que sacar tiempo de donde no lo había, renunciando a muchas cosas, pero sin dejar de lado su trabajo, ya que este ‘langostinero’ tiene nuevos proyectos porque “hace poco compramos un hotel” para seguir creciendo.

La experiencia del Dakar “ha merecido la pena, porque he llegado al final”. Su pasión por las motos le ha hecho sufragarse él mismo gran parte de los gastos de la competición, aunque espera que ahora sea “un poco más fácil tocar puertas y tener una pequeña carta de presentación para conseguir más apoyos”, algo que espera lograr en España y, cómo no, también en Perú, sede del equipo KTM Socopur. Mientras tanto, cada vez que mira su medalla su cara se ilumina con una sonrisa… y así apuramos el café, y la conversación, que concluye dándole las gracias a todos sus patrocinadores: “Quiero agradecer a KTM Socopur su apoyo, así como a todo Albacete y a la ciudad de Tumbes, en Perú, que es uno de mis patrocinadores. Gracias también a mi jefe de prensa en España, Javier Robla, y a las marcas Farmex, Helinca, Grupo Lanfranco, Inexport y al Pub ‘Señor Chopp’ de Tumbes”.

Share Button