Canalladas: Cuatro tramposos en el atletismo

Rosie Ruiz (Foto: www.boston.com)

A buen seguro que todos recordáis a grandes atletas de la historia que nos hicieron vibrar con sus victorias en los grandes campeonatos, sin embargo, no todos lo hicieron de forma limpia. Pero no quiero hablar de casos de dopaje en este artículo, aunque esté de reciente actualidad este tema tras la detención esta semana del entrenador Jama Aden, técnico de la plusmarquista mundial etíope Genzebe Dibaba, inmerso en una posible trama de dopaje. En cambio, el artículo de esta semana en mi sección Canalladas lo voy a dedicar a presentar aquí cuatro curiosos casos de tramposos a la carrera.

1. Abbes Tehami, el hombre que perdió su bigote

El argelino Abbes Tehami hizo historia en el mundo del atletismo al hacerse campeón de su país en la modalidad de los 1.500 metros. Sus triunfos le animaron a presentarse a la maratón de Bruelas de 1991, prueba en la que consiguió la victoria. Aunque algo no estaba muy claro. Tehami comenzó la prueba con bigote y lo acabó sin él. ¿Cómo era posible? Muy simple. No fue el campeón argelino el que arrancó la carrera sino que fue su entrenador, Bensalem Hamiani, quien corrió siete kilómetros antes de darle el dorsal a Tehami, que realizó el resto de la prueba y finalizó en primera posición. Obviamente, cuando el engaño fue descubierto el atleta argelino fue descalificado.

2. El escándalo de las becas universitarias

Quien piense que ahora es imposible hacer trampas no sabe cuan equivocado está. Hace relativamente poco tiempo, en 2010, se produjo una de las más curiosas por lo masivo del engaño. Ocurrió en la Maratón de Xiámen, en China, cuando treinta de los cien primeros clasificados fueron descalificados al haber hecho trampas. Algunos habían tomado atajos para hacer menos tiempo, otros habían realizado parte del recorrido en coches, motos y/o bicicletas y algunos habían contratado a atletas profesionales para que realizaran las carreras por ellos. Los tiempos estaban en torno a las dos horas y media, lo que es un gran resultado para un atleta popular y por eso levantó las sospechas. Cuando se descubrió el engaño se supo que los corredores descalificados habían cometido trampas con el objetivo de conseguir puntos extras en el examen de ingreso a la Universidad o para lograr becas universitarias.

3. Rosie Ruiz, la tramposa profesional

El caso de la cubana Rosie Ruiz es uno de los más llamativos dentro del mundo de los atletas tramposos. Esta atleta fue cazada al acabar la Maratón de Boston (Estados Unidos) de 1980. La corredora consiguió la victoria con un tiempo de 2 horas, 31 minutos y 56 segundos, la tercera mejor marca de toda la historia. Sin embargo, Ruiz era una desconocida para el gran público y eso llamó la atención de los jueces. La cubana recibió la medalla y se hizo fotos con el ganador masculino e incluso llegó a conceder alguna entrevista antes de que se supiera la verdad. Lo cierto es que ninguna atleta recordaba haberla visto, y estos temores se confirmaron cuando se descubrió que no había tomado la salida sino que se había incorporado a la misma saliendo desde el público hacia mitad de la carrera. Poco después, el director de la Maratón de Nueva York reconocería que mantenía sus dudas de que Ruiz hubiera completado la edición de 1979. Fuera de su vida deportiva también tendría diferentes problemas con la justicia, primero acusada de falsificación y robo de documentos y, posteriormente, al ser cazada vendiendo cocaína a policías encubiertos.

4. Cuando Dora Ratjen se convirtió en Hermann

En los Juegos Olímpicos de 1936, Alemania se presentó con Dora Ratjen para participar en la prueba de salto de altura femenino, un puesto que correspondía a otra atleta pero que había sido apartada por el régimen ya que era de origen judío. Ratjen finalizó en cuarta posición, aunque levantó las sospechas de sus adversarias, quienes le acusaban de ser un hombre pese a que ella siempre respondía que padecía una especie de hermafroditismo. Dos años después logró batir el récord del mundo de salto de altura durante los Campeonatos de Europa de Viena. Su gran secreto fue descubierto años después, cuando en una estación de trenes de Alemania dos admiradores suyos vieron cómo usaba una peluca. Fue sometido a varios exámenes médicos que confirmaron que tenía genitales masculinos y fue despojado de todas sus medallas y marcas. En 1957, Hermann reconocería que era un hombre y que había sido forzado por el gobierno nazi a competir como mujer.

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