Canalladas: La fugaz carrera atlética del doctor Delano Meriwether

Delano Meriwether (Foto: www.baltimoresun.com)

Imagino que cuando el doctor Delano Meriwether le comentó a su esposa que quería competir en los 100 metros lisos y que podía obtener mejores resultados que los atletas que se dedicaban a ello, esta sonreiría y no daría demasiada importancia a lo que su marido le decía. Y ciertamente no es para menos. Si alguien con 27 años y sin experiencia como atleta te dice que puede ser campeón de los 100 metros lisos lo tomas por loco. Y esa era la situación en la que se encontraba el doctor Meriwether cuando hizo esa confesión a su esposa Myrtle aquella tarde de domingo de finales de los sesenta. Lo curioso de este caso es que Meriwether no era ni un loco ni un fanfarrón, de hecho, poco después alcanzó una notable fama como atleta.

Hasta ese momento, nuestro protagonista se había interesado por el mundo científico. De hecho durante su juventud consiguió un reconocimiento por parte de la American Veterinary Association por un trabajo que realizó sobre los parásitos de los perros. Ese premio y su notable desarrollo como estudiante le abrieron de par en par las puertas de la Michigan State University, donde comenzó a estudiar la carrera de Veterinaria. Aunque mientras estudiaba en la universidad fue cambiando su forma de pensar y tras dos años estudiando para convertirse en veterinario decidió dejar la carrera y comenzar a estudiar Medicina.

La Duke University apostó por Meriwether y le permitió estudiar Medicina en sus instalaciones, donde coincidió con el doctor Charles Mengel, quien lo introdujo en el campo de la hematología. Finalmente, en 1967 consiguió finalizar sus estudios, siendo la primera persona de color en graduarse en esta Universidad de Carolina del Norte. Poco después, en 1969, ingresó en el Baltimore Cancer Research Center, donde atendió a pacientes que sufrían leucemia. Fue durante esta etapa de su vida cuando comenzó a correr. Al principio por diversión, para quitarse el estrés del día a día. Pero pronto empezó a trabajar para convertirse en uno de los mejores atletas de la historia cumpliendo de esta forma con la profecía que había realizado a su esposa tiempo antes.

Tras haber participado en varias carreras menores, en 1971 participó en la Amateur Athletic Union donde ganó la carrera de 100 metros lisos. Y no fue una carrera baladí ya que enfrente tenía a grandes rivales, como Charlie Greene, subcampeón olímpico. Además, fue capaz del igualar el récord del mundo, aunque su marca no fue validada ya que Meriwether tuvo el viento a favor durante la carrera y eso no estaba permitido para homologar registros.

A partir de ese momento, el doctor Meriwether participó en varias carreras y consiguió brillantes resultados como la medalla de bronce de los Juegos Panamericanos celebrados en Cali (Colombia) en 1971. Incluso estuvo muy cerca de ir a los Juegos Olímpicos de Munich de 1972, aunque una lesión le impidió participar en la prueba clasificatoria final. Ese punto, las lesiones, fueron su gran problema. Meriwether no había descuidado su profesión de doctor y había seguido ejerciendo, con notables resultados y polémicas, como la que se formó cuando inventó una vacuna contra la gripe que sentó mal a las farmacéuticas. Esa devoción por su trabajo propició que el doctor tuviera que entrenar por las noches en un gimnasio que carecía de luz artificial. Y sin entrenador, ya que en aquel momento era una locura que un técnico quisiera entrenar de noche en un reciento carente de luz. Y esa autopreparación fue lo que le acabó costando la carrera ya que al carecer de una preparación física óptima las lesiones le aquejaron frecuentemente.

Tras participar y finalizar en sexta posición en el Campeonato de Estados Unidos, Meriwether decidió retirarse a pesar de contar con tan solo 30 años. Los múltiples problemas físicos fueron una losa muy grande. A pesar de ello, el doctor continuó corriendo en carreras de veteranos, donde llegó a conseguir el record nacional de los 200 metros para veteranos.

A nivel profesional, Meriwether estuvo en Sudáfrica trabajando en ciudades muy golpeadas durante el Apartheid como Soweto. Allí estuvo durante varios años hasta que en 1990 regresó a Estados Unidos donde continuó con sus investigaciones científicas y se convirtió en un médico de reconocido prestigio. Un prestigio que también tuvo durante su etapa como atleta, a pesar de que fuera un periodo fugaz.

Share Button