El circo del Alba; ‘El Albatros’ picotea sobre los últimos acontecimientos

José Miguel Garrido y José Antonio Iniesta (Foto: Hugo Piña, de www.5maseldescuento.es)

En los años 80, el Albacete Balompié era un club modesto que apenas había pasado algunas temporadas en Segunda División A. Lo encontrábamos enzarzado en batallas con Alcoyano, Cieza, Yeclano u Orihuela en las divisiones malditas del fútbol español, Segunda División B y Tercera.

Recuerdo a los Rubio, Serrano, Villalba, Emiliano… eran tiempos en los que acompañar al Alba en un autobús por esos lares del sureste español era bastante atrevido; alguna ocasión salimos a pedradas simplemente por ganar.

A principios de los 90, el proyecto de un tal Benito Floro consiguió aglutinar la ilusión de los aficionados de siempre y de un montón de universitarios y jóvenes que, por menos de 30 euros, nos sacamos el carnet del Albacete Balompié. Ese año en 2ª B marcamos más de 100 goles, le metimos 11 a un equipo llamado Salud y ascendimos a Segunda A por la puerta grande. El año siguiente de la mano de Zalazar y prácticamente el mismo equipo que en 2ª B, subimos a Primera en una temporada histórica. Eso ya os va sonando.

Las posteriores batallas en primera son más conocidas, el Queso Mecánico sorprendió a toda España, situó a Albacete en el mapa y nos hizo un equipo grande. Estuvimos varios años en Primera, en dos etapas diferentes entre 1991 y el año 2000.

Bajamos a Segunda A y el equipo, la afición y la ilusión generada se fueron diluyendo y apagando. Quizás nos acostumbramos a estar a primer nivel en el fútbol español y estar en Segunda A nos parecía poco. Año tras año, una docena de jugadores nuevos aparecían y cada año estábamos un poco más abajo. También hubo presidentes y directivas que aportaron una gestión deportiva deficiente y una gestión económica desastrosa, aumentando cada año las cargas y deudas del club. Se vendió la cantera al Villarreal, se contrataron unos cuantos entrenadores que no duraban ni un año, el público fue progresivamente abandonando el Belmonte y el recuerdo de las anheladas glorias previas era lo único que nos quedaba.

Es difícil explicar cómo se gestionan las sociedades anónimas deportivas, alguien pone un dinerillo, se junta con unos amiguetes y se sube al carro de la notoriedad durante un tiempo. Muy pocas de las decisiones de los últimos años son si quiera comprensibles, un cúmulo de despropósitos como ese sólo se explica por un absoluto desconocimiento del deporte y del fútbol, por una notable ineptitud e incompetencia y por un descaro y afán de protagonismo inigualables.

El Albatros detesta esos directivos engominados y trajeados que buscan su brillo en el fútbol cuando las actividades profesionales les van mal. Los clubes de fútbol se han convertido, en muchos casos, en un cementerio de elefantes donde la inutilidad, la desfachatez y la ignorancia están a la orden del día.

Hace poco, el 4 de septiembre pasado, tuvimos un claro ejemplo de lo que os hablo. Asistí a la Junta Extraordinaria del Albacete Balompié donde se debía elegir un Presidente y una Junta Directiva nueva. Los meses previos habían sido exitosos en lo deportivo, el Alba estuvo cerca de conseguir el ascenso a Segunda A por segundo año consecutivo. Pero en lo institucional no hubo más que despropósitos: impagos a jugadores, campañas de abonos surrealistas, desprecio a peñistas y accionistas, un final de temporada con una plantilla sin renovar… A la Junta acudía una Directiva saliente, encabezada por Agustín Lázaro y apadrinada por Iniesta padre, y se presentaban dos candidatos como Joaquín Echevarría y José Miguel Garrido.

Hacía varios meses que Joaquín Echevarría, un empresario manchego afincado en Uruguay, había aparecido en escena para hacer una inversión millonaria en nuestro Alba. A nadie se le ocurrió hacer una auditoría o pedir informes del posible comprador. Para eso hay que tener un poco de respeto hacia el cargo que se ostenta y un mínimo de conocimientos de materia económica o jurídica, y no era el caso, lástima.

Joaquín Julián Echevarría (Foto: Juan García)Joaquín Echevarría

El resultado fue estrambótico y lastimoso para la imagen del Alba. El chico en cuestión, Echevarría digo, salió elegido Presidente porque a los dos accionistas mayoritarios se les ocurrió llegar tarde, ¿qué seriedad no? Fuera voluntario o no lo de llegar tarde fue una falta de respeto hacia los allí presentes y una irresponsabilidad absoluta de los dirigentes. ¿Os imagináis que en una Asamblea de una empresa, los que cuentan con el 40% del capital no hagan valer sus participaciones y dejen que las decisiones se tomen con un quorum inferior al 10%? ¿O que el Presidente de una empresa llegue tarde a su Junta General?

Incrédulo y sonrojado por tanta estupidez colectiva, El Albatros pensó que esto del fútbol es más bien un circo de “esparabanes de cornisa” (digamos personajillos) que no merecen más que desprecio y censura. Fue muy triste. ¿Cómo es posible que los más necios y los más cuatreros fueran los que estaban al mando de nuestro barco?

En segunda instancia y dada la insolvencia del recién electo Presidente, se celebró una segunda Junta donde, con algo más de seriedad, se eligió un nuevo Presidente, José Miguel Garrido. El debate que se generó fue, en cambio, digno de una frutería de barrio, con insultos, descalificaciones y ofensas, otra escenificación de payasetes y aprovechados. Abochornados, la mayoría de los accionistas nos fuimos pensando que ahora entendíamos por qué el Alba está arruinado hasta los tuétanos y por qué el fútbol es el mayor cementerio de incompetentes de la sociedad en que vivimos.

Espero que un día os vayáis todos, llenos de Picotazos, y os dediquéis a mirar musarañas o a recoger colillas para dejar hacer a buenos profesionales y a gente que ama al Alba.

Share Button