El voleibol está condenado a navegar en las aguas del olvido

Imagen de un partido del CV Albacete

Estamos ante una época en la que se demuestra que son muy pocos los que de verdad apoyaron al mundo deportivo ya que una gran mayoría de los que aparecieron en los buenos tiempos se han ido cuando han visto que ya no aparecían en la foto.

Por eso tenemos al voleibol en un delicado estado de salud, tal vez viviendo una lenta agonía. Recientemente me puse a revisar viejos artículos que escribí cuando trabajaba en el extinto diario El Pueblo y rememoré los fines de semana vividos junto al Club Voleibol Albacete. Aquellas tardes europeas, las ilusiones por poder sorprender a los todopoderosos CAV Murcia 2005 y Tenerife Marichal, las gestas coperas y tantas otras cosas que ya no son más que un vago recuerdo de una época pasada. Tal vez este caso, el del CV Albacete, sea el que nos toque más de cerca. Pero no es el único. A lo largo y ancho de toda la geografía española encontramos a multitud de equipos condenados a competir en categorías regionales. Y eso en el mejor de los casos. Un gran número de clubes han tenido que echar el cierre.

Por supuesto, todo esto ha redundado negativamente en la Selección Española. Es cierto que nunca hemos sido una gran potencia en este deporte, sin embargo, durante varios años se realizó un buen trabajo que tuvo como gran colofón el proclamarse campeones de Europa masculinos en 2007. Fue nuestro techo. Luego llegó la crisis, los clubes se olvidaron de trabajar, la Federación no supo (o no quiso) avanzar y actualmente tenemos un panorama desolador: No estamos en unos Juegos Olímpicos desde Sydney 2000, en el Campeonato del Mundo de 2010 finalizamos en la decimosegunda posición, sextos en la última Liga Europea, no participamos en el Campeonato de Europa desde 2009, en la Copa Mundial no jugamos desde 2007 y en la Liga Mundial no aparecemos desde 2009. Estas son nuestras credenciales a nivel masculino.

Si miramos al equipo femenino el panorama es todavía más desolador. No estamos en unos Juegos Olímpicos desde Barcelona 1992 y no jugamos un Campeonato del Mundo desde 1982. Sólo en Europa damos algo la talla. En la Liga Europea de 2012 finalizamos en la séptima plaza, mientras que en el Campeonato de Europa de 2013 quedamos eliminados en la primera fase con cero puntos y siendo, con diferencia, el equipo que menos puntos logró y, por lo tanto, los últimos del torneo.

Llegados a este punto quiero aclarar que en ningún caso mis palabras son contra los jugadores, que bastante hacen con los medios que tienen. Tampoco voy contra clubes modélicos que siempre han mantenido una línea de trabajo y que ahora están recogiendo sus frutos. Voy contra la Federación. Esa institución que sólo trabaja para que unos pocos vivan a cuerpo de rey. Esa institución que durante la época de bonanza fue absolutamente incapaz de generar un plan de futuro que nos hiciera progresar. Porque esto es así. Si miramos el baloncesto femenino se ha hecho un notable trabajo y, ahora, a nivel de base, se están logrando muy buenos resultados. O con el fútbol femenino. O en el waterpolo. Pero no en el voleibol. Este deporte tiene una difícil situación.

Pero, ¿tiene solución? Claro que la tiene. Si se empieza de nuevo, si se trabaja con gente que de verdad ama este deporte y no con los vividores de turno es posible hacer que el voleibol crezca, que tenga más aficionados, más apoyos y, como consecuencia de todo ello, se podrán obtener mejores resultados. Eso sí, la empresa no será fácil. Los que viven bien no querrán abandonar su puesto y mientras ellos sigan ahí el voleibol estará condenado a navegar en las aguas del olvido.

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