Canalladas: La vida diferente de la ‘locomotora humana’

Emil Zatopek (Foto: planetatriatlon.com)

La final de la prueba de los 5.000 metros de los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 es conocida como la carrera del siglo dado el alto nivel de los participantes. Durante gran parte de la prueba los principales favoritos a llevarse la victoria estuvieron juntos. Aunque todo cambió en la última vuelta. El alemán Herbert Schade, el británico Chataway y el francés Alain Mimoun no pudieron reaccionar al feroz sprint que el checo Emil Zatopek lanzó cuando faltaban 300 metros. El atleta del Este, conocido como ‘la locomotora humana’, hizo bueno su apodo y atravesó primero la línea de meta ante un público que estaba totalmente entregado.

Aquella victoria fue, probablemente, la más recordada de Emil Zatopek, aunque no sería la única. Precisamente en aquellos Juegos Olímpicos el checo demostró todo su potencial al conquistar en el plazo de una semana las medallas de oro en las pruebas de 5.000 metros, 10.000 metros y la maratón, prueba en la que debutaba. Precisamente, en la prueba reina del atletismo fue partícipe de una anécdota que define su personalidad. Transcurría el kilómetro veinte cuando ‘la locomotora humana’ preguntó a sus adversarios: “Yo no entiendo mucho de maratón pero, ¿no estamos corriendo despacio?” Sus rivales le miraron perplejos. Ese atleta checo que corría de forma bastante peculiar con el rostro desencajado y la boca abierta debía estar de broma. Pero no lo estaba. Al no recibir respuesta, Zatopek aumentó el ritmo y se marchó en solitario. Poco después el checo llegaba a la línea de meta en primera posición y estableciendo un record mundial (2H: 23:04).

Cuatro medallas de oro y una de plata en los Juegos Olímpicos y tres preseas de oro y un bronce en los Campeonatos de Europa son un palmarés envidiable para alguien que comenzó a correr casi por casualidad. Cuando contaba con 16 años, Emil Zatopek comenzó a trabajar para la fabrica de calzados Bata en Koprivnice, su ciudad de nacimiento. Esta empresa patrocinaba una carrera en la que participaban casi todos los jóvenes de la localidad de forma casi obligatoria. Y Zatopek no fue una excepción. En 1940 y cuando contaba con 18 años tuvo que participar en la carrera. Contra todo pronóstico, ‘la locomotora humana’ finalizó en la segunda posición y se aficionó al atletismo. Tras varios años alternando sus victorias en carreras en la República Checa con sus estudios de química y su trabajo en la fábrica, Zatopek se alistó en el ejército, donde llegaría a ser coronel. Durante ese tiempo, el atleta checoslovaco alternaba sus funciones como militar durante el día con duros entrenamientos en la noche, para los que utilizaba una linterna eléctrica y sus zapatillas rojas, un calzado que le regalaban, a espaldas de su patrón, sus ex compañeros de trabajo de la fábrica.

El secreto del éxito de ‘la locomotora humana’ radicaba, en parte, a sus duros entrenamientos. De hecho llegaba a acumular hasta 800 kilómetros al mes, unos veintisiete diarios. Precisamente su forma de entrenar fue una verdadera revolución al tener su propia metodología. El atleta alternaba repeticiones de distancias pequeñas (entre 200 y 400 metros) a gran velocidad con otras en las que descansaba corriendo a menor ritmo. Este tipo de entrenamiento interválico le costó varias críticas, aunque él siempre mantuvo su discurso: “¿Por qué habría de entrenar corriendo a ritmo lento? Ya sé correr a ritmo lento. Debo aprender a correr a ritmo rápido”. Por si fuera poco, en varias ocasiones realizaba sus entrenos con botas militares y peso en sus pies, algo que le permitía tomarse las carreras oficiales como paseos.

Tras retirarse en 1958, Zatopek tuvo una vida bastante cómoda hasta que estalló la Primavera de Praga. Dado su apoyo a Alexander Dubcek, el gobierno comunista de Checoslovaquia tomó represiones contra él cuando todo acabó. Lo expulsó del Partido Comunista y del Ejército, le prohibió residir en Praga y lo desterró a Jáchymov a trabajar en una mina de uranio. Tras seis años viviendo en condiciones insalubres el gobierno levantó la mano con Zatopek y lo trasladó a Praga donde trabajaría como basurero. Aunque esto fue un problema para el gobierno ya que cada vez que la gente lo reconocía cuando estaba trabajando le ayudaba a recoger la basura y le ovacionaba. Temporalmente le cambiaron de puesto y le pusieron a cavar agujeros para colocar postes telegráficos. Durante ese tiempo, el gobierno le obligó a firmar un papel en el que se retractaba de sus actuaciones durante la Primavera de Praga y tras esa firma lo rehabilitaron y pudo trabajar como archivista del Centro de Información de Deportes de Checoslovaquia.

El 22 de noviembre de 2000, cuando contaba con 78 años de edad, sufrió un derrame cerebral que le costó la vida. Aunque para entonces ya era una leyenda del atletismo. Un hombre que vivió una vida diferente, tal y como él mismo solía decir: “Si quieres correr, corre una milla. Si quieres experimentar una vida diferente, corre un maratón”.

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