En el nombre del padre

Holanda - España Mundial 2010

En el nombre del padre era una brillante película irlandesa que evocaba la religiosidad y patriotismo católico irlandés frente el yugo del imperio inglés. No es este lugar de diatribas políticas o religiosas, pero en lo a que a cuestiones de Dios se refiere, haré una excepción. Al lío:

Con la Semana Santa todavía en la retina se me ha ocurrido proponeros la beatificación inmediata del sublime portero del Real Madrid y la Selección Española, Iker Casillas. Anoche, en el partido de ida de la semifinal de la Champions que enfrentaba al Madrid y al temible Bayer de Munich en el Santiago Bernabéu, nuestro estandarte de la verdadera Marca España lo ha vuelto a hacer y hoy acaparará elogios y alabanzas bíblicas.

Puede sonar a oportunista pero siempre he defendido a Iker y sus espectaculares méritos. Este chico está bendecido desde que nació, todo lo que toca (o mejor dicho todo lo que para) lo convierte en oro y platino. Cualquiera recuerda alguna de sus paradas antológicas e inverosímiles. La de Robben en la final del Mundial es la más recordada, pero hay muchas… la de Perotti, las de la final de la Champions ante el Leverkusen, la de la tanda de penaltis de la primera Euro de la Roja, la del penalti a Cardozo en el Mundial… y ya tenemos otra más, la de Mario Gotze. El tiempo dirá si esta parada es recordada porque conduce al Madrid a la ansiada décima. Iker no suele hacer milagros en vano.

Cuando era un crío, me contaban historias de porteros de fútbol míticos. Recuerdo con especial cariño las del ruso Lev Yashin, la araña negra, o las del teutón Sepp Maier. Tuve la oportunidad de ver en plena acción a los Arconada, Zoff, Jean Marie Pfaff… pero todos ellos están siendo sobrepasados por el mejor portero de la historia, sencillamente Iker. Porque es un portero diferente, líder dentro y fuera del campo, protagonista de momentos inolvidables de los que regalan títulos, de los que dejan instantáneas para la historia y porque, además, es nuestro. Tiene guasa también que el beso a la princesa fuera obra también de El santo.

Después de las humillaciones del año pasado del pestilente Mourinho, este año Iker vive la temporada más difícil de su carrera en el Madrid. Relegado a la suplencia por un gran portero como Diego López, Iker ha encontrado en la Copa y en la Champions su nicho de gloria. De momento ya ha levantado la Copa del Rey, como tantas veces hizo con otras copas en los últimos años. Y lo ha hecho como siempre, sin hacer mucho ruido, de forma elegante, liderando como capitán y haciendo campeones a un grupo de grandes jugadores.

Siempre me han fascinado los héroes educados, ya os lo conté cuando os hablé de Guardiola o Rafa Nadal, pero también vale para Raúl, Iniesta, Estiarte, Contador, etc. Iker es ídolo por méritos propios, por su deportividad y capacidad de superación personal. Hace unos meses jugó en el Carlos Belmonte y me fascinó, además de su categoría como portero, su manejo del entorno del fútbol, su empática visión de los niños, de los medios de comunicación. Su dimensión sobrepasa lo deportivo.

Es imposible que haya otro Iker, eso es lo que lo hace grande, que es diferente a todos los demás. Cuando se retire, espero que más tarde que pronto, estaremos décadas hablando de él, viendo los vídeos de sus paradas, intentaremos explicar a nuestros hijos y nietos por qué fue el mejor y no será difícil hacerlo.

En poco más de un mes Iker se irá al Mundial de Brasil con la Selección Española y buscará agrandar su leyenda. Yo estaré pegado a la tele, orgulloso de tener al mejor de todos los arqueros detrás de nuestra defensa. Volverá a cerrar la alcancía hispánica y volverá a conjurar a duendes, dioses y astros para hacer que me frote los ojos cuando saque, otra vez, algún balón imposible. AMÉN.

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