Canalladas: Frank Shorter, el impulsor de las carreras populares

Frank Shorter (Foto: blogs.diariovasco.com)

Cada vez hay más gente que cada día destina una parte de su tiempo para desconectar de sus quehaceres y salir a correr por las calles y parques de su ciudad. Muchos son los motivos que empujan a estos “runners”, aunque uno de los más habituales es el de prepararse para participar en alguna carrera popular. Lo que pocos saben es que esta afición está en un permanente auge gracias a Frank Shorter, campeón olímpico de maratón en 1972.

Este estadounidense nacido en Munich ha pasado a la historia del atletismo gracias a su triunfo en los Juegos Olímpicos de 1972, esos que se disputaron en la ciudad que le había visto nacer y que habían quedado marcados por los ataques terroristas del grupo Septiembre Negro y que se saldaron con 18 fallecidos (once representantes de la delegación israelita, cinco secuestradores, un policía y un piloto de helicóptero). Su carismática figura, sus éxitos y su aspecto físico (alto, desgarbado, con un llamativo bigote y una estética hippy) hicieron que se ganara el fervor del público norteamericano, que comenzó a idolatrarlo hasta límites inimaginables. Todo el mundo quería imitarle. Y al coincidir con una generación de atletas que disfrutaban corriendo no es de extrañar que el boom del running pegara con fuerza en Estados Unidos. “Corríamos dos veces al día, algunas veces tres. Todo lo que hacíamos era correr. Correr, comer y dormir”, explicó en una entrevista.

Su gran momento fue, sin ningún tipo de dudas, su victoria en las Olimpiadas de Munich de 1972. No partía como favorito a llevarse la victoria. De hecho, hasta ese momento solo había participado en seis maratones y no había ganado ninguno. Los principales favoritos eran el británico Ron Hill, el etíope Mamo Wolde, campeón olímpico en México’68, el belga Karen Lismont, campeón de Europa, y el australiano Derek Clayton, plusmarquista mundial de la distancia. Ron Hill y Derek Clayton pusieron un ritmo alto durante los primeros kilómetros que hicieron que Shorter quedara rezagado. Poco a poco, el estadounidense fue acelerando el ritmo hasta que, tras darles caza, se pudo ir en solitario. Tras pasar con medio minuto de ventaja por el kilómetro veinte, el norteamericano fue aumentando su renta hasta atravesar la línea de meta con un tiempo de 2h12:19, más de dos minutos menos que Lismont (medalla de plata) y unos tres minutos sobre Wolde (bronce). La explosión de júbilo en Estados Unidos fue gigante dado que desde que John Hayes ganó el oro en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908 ningún estadounidense había sido capaz de ganar la maratón olímpica.

La gran victoria de Frank Shorter en Munich activó la fiebre por las carreras populares en Estados Unidos. En un breve periodo de tiempo se produjo un notorio aumento de la gente que salía a correr por la calle y participaba en estas pruebas. Y todo esto era gracias al campeón olímpico, a quien se le consideraba responsable directo del auge del atletismo popular durante estos años.

A por el doblete

En los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976, a los que acudió sin su inconfundible bigote, partía como favorito para llevarse la medalla de oro en la prueba de maratón. Emular el doblete de Abebe Bikila era la guinda del pastel. Durante la primera parte de la carrera marcó un ritmo muy fuerte que le permitió escaparse en solitario tras la disputa de veinticinco kilómetros. Sin embargo, poco a poco fue emergiendo la figura de Waldemar Cierpinski, un alemán de veinticinco años que fue reduciendo su desventaja hasta poder superarle en el kilómetro treinta y cuatro. El atleta germano ganó con un crono espectacular (2h09:55), mientras que Frank Shorter se tuvo que conformar con la medalla de plata con unos notables 2h10:45.

Al año siguiente, el impulsor de las carreras populares en Estados Unidos decidió retirarse del atletismo. Retiro que solo interrumpió en 1979 para participar en la prueba de los 10.000 metros de los Juegos Panamericanos, evento en el que logró la medalla de bronce. Tras aquello, Frank Shorter fundó la empresa de ropa deportiva Frank Shorter Sports, trabajó como comentarista de televisión y fue presidente de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos. Fue incluido en el Salón de la Fama del atletismo estadounidense. Y en 1989 su nombre volvió a sonar con fuerza en el mundo del atletismo cuando se proclamó campeón del mundo de biatlón para veteranos. Actualmente, y a pesar de contar con 69 años, sigue saliendo a correr disfrutando con el atletismo.

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