Canalladas: La guerra interna del fútbol femenino español

La primera participación de la Selección Española femenina de fútbol en una fase final de un Campeonato del Mundo, el que se está celebrando en Canadá, se ha saldado con un discreto papel deportivo (eliminadas en la primera fase) y con una guerra interna entre las jugadoras y el entrenador, Ignacio Quereda, que debería acabar, al menos, con el cese del veterano técnico.

Tal vez sea muy osado por mi parte el pedir la destitución del seleccionador nacional, un cargo que ostenta Quereda desde hace más de veinticinco años y al cual algunas personas culpan positivamente de los pocos (escasos) avances que ha realizado nuestro fútbol femenino. No es mi caso. Yo no le considero demasiado responsable de nuestros paupérrimos avances. Todo lo contrario. Creo firmemente que nuestro fútbol femenino no está en otra posición porque o no se avanza en la correcta dirección o directamente no se avanza, y en ambos casos eso es culpa del máximo responsable, es decir, el señor Quereda. Y también de Ángel María Villar, el presidente de la Federación Española de Fútbol que no hace más que poner trabas a todo lo que no es fútbol profesional. Sirvan de ejemplo el maltrato a las categorías inferiores, el penoso modelo de Copa del Rey masculino, etcétera. Todo esto completado con el señor Vicente Temprado, el responsable federativo del fútbol femenino quien en vez de hacer una autocrítica hacia la negligente planificación deportiva del entrenador en el Campeonato del Mundo se ha limitado a decir que “yo no recrimino a Vero Boquete que no haya estado a la altura de las circunstancias o a Natalia Pablos que fallara tres goles en cinco minutos ante Corea”, muestra inequívoca de que prefiere salvar el culo de su amigo a hacer algo positivo por el progreso del fútbol femenino en nuestro país.

Pero vayamos más lejos en el análisis. A través de eldiario.es podemos encontrar esta información en la que se ofrecen los datos económicos del balompié femenino. El artículo en sí no tiene desperdicio y es más que recomendable su lectura para entender parte del problema. Como se puede leer, el presupuesto del fútbol femenino español es de 1.200.000 euros, el 0,95% de todo el presupuesto de la Federación. Es decir, con menos de un 1% se pretenden crear unas competiciones “similares” a las del fútbol masculino y unas selecciones femeninas que, imagino, queremos que compitan ante los mejores equipos del mundo. Como Inglaterra (15.074.500 euros de presupuesto) o Alemania (7.000.000). Y por supuesto intentar ser mejores que Bielorrusia (1.300.000) o Finlandia (1.254.100). Los datos económicos, siempre tan fríos como exactos, nos enseñan a una España diferente a la que nos gustaría tener. Villar y Quereda deberían explicar algunas cosas. Uno por no hacer caso al fútbol femenino y el otro por representar francamente mal al fútbol femenino ante la máxima institución futbolística de nuestro país.

Además, tal y como aparece reflejado en la página de FutFem, cuya directora Laura R. Albarrán impulsó el hashtag #nosois23somostodoelfutfem en Twitter, la propia Federación rechazó una oferta de más de seis millones de euros para la retransmisión de partidos y ahora se enfrenta a una demanda por incumplimiento de contrato.

Por si estos problemas fueran pocos también tenemos otros de índole deportiva y personal. Y estos, para variar, también son culpa de Villar y Quereda. La planificación de la selección para el Mundial ha sido, simplemente, bochornosa. Llegando a Canadá cuatro días antes del inicio del torneo y sin jugar ni un solo partido de preparación. Camerún llegó a Canadá varias semanas antes y disputó algunos encuentros. No hablo de las grandes potencias. Hablo de un equipo modesto, como nosotros. Y las diferentes formas de hacer las cosas. Es cierto que durante el torneo se vio a una España atractiva en su juego durante gran parte de los tres encuentros, aunque también en muchas fases de los mismos se mostró una gran irregularidad, momentos de falta de concentración y hasta se echó en falta una mejor preparación física. Todo esto es culpa de Quereda. El hombre que está ahí desde tiempos inmemoriales, como Villar. Un seleccionador que está anclado en las técnicas que utilizaba cuando llegó al cargo en 1988, que no tiene ningún respeto por sus jugadoras (tal y como desvela el diario Marca, las cataloga como chavalitas y como gorditas) y que no tiene pensado en dar un paso a un lado para permitir que nuestro fútbol femenino avance.

Pero es más, aquellas que, como Laura del Río, se atrevieron a cuestionar sus métodos en público dejaron de ser citadas por Quereda para ir a la selección alegando motivos deportivos, aunque con la sensación de ser más un ‘estás contra mi, entonces no estás’. Es por ello que las chicas no se han quejado hasta ahora. El miedo a no ser convocadas para participar en el primer mundial de la historia del fútbol femenino español las frenó. Y el hecho de saber que harían más ruido tras el Mundial les acabó de animar para pedir públicamente lo que llevan mucho tiempo pidiendo en privado (varias veces se han reunido con Quereda para pedirle cambios en los entrenamientos y en las formas que utiliza con las futbolistas).

Con todos esos mimbres el fútbol femenino español se ha paralizado. Las jugadoras han decidido no acudir a la llamada de la Roja si Ignacio Quereda continúa al frente e incluso las capitanas de todos los clubes de la Primera División han mostrado su apoyo para con las jugadoras. De esta forma, cuando en septiembre se inicie la fase de clasificación para la Eurocopa de 2017 con el choque que nos enfrentará a Finlandia, Ignacio Quereda tendrá dificultades para confeccionar una lista de convocadas. Sería la guinda del pastel, que una selección española no se pudiera presentar a un partido oficial por la ineptitud de unos pocos. Por eso Ángel María Villar debería abrir la puerta a gente como Quereda o Temprado, personas que con sus actuaciones demuestran un poco o nulo interés hacía el fútbol femenino.

Aunque parece que al presidente de nuestro balompié tampoco le interesa demasiado que las chicas den patadas a un balón.

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