Canalladas: La guerra de los Dassler (Puma vs Adidas)

Hermanos Dassler

Pocas rivalidades hay tan enconadas como la que mantuvieron en la primera mitad del siglo pasado los hermanos Dassler. Una enemistad que ha trascendido el tiempo y se mantiene muy viva en el momento presente. ¿No les suena? ¿Qué tal si les digo que esta rivalidad enfrenta a dos gigantes del material deportivo como Adidas y Puma?

En el centro de Alemania, a pocos kilómetros de Nuremberg, se ubica la localidad de Herzogenaurach, un pueblo de menos de 30.000 habitantes, y es aquí donde arranca la historia de los hermanos Adolf y Rudolf Dassler. Una crónica que comienza en 1920 cuando un joven apasionado del deporte llamado Adolf Dassler diseñó unas zapatillas con suela de cuero y clavos forjados a mano que se convirtieron en las primeras zapatillas específicas para correr. Junto al joven diseñador estaba su hermano y fiel colaborador Rudolf. Ambos se encargaron de la fabricación artesanal de este calzado utilizando una cortadora de cuero que funcionaba a pedales.

Las zapatillas fueron todo un éxito y en 1924 los hermanos Dassler dieron un paso en sus aspiraciones al fundar la Gebrüder Dassler Schuffabrik, su propia fábrica de zapatos que pronto se convirtió en un referente en el mundo del deporte. Durante más de dos décadas los dos hermanos trabajaron juntos. Adolf, introvertido y escrupuloso, se encargaba de la producción de zapatos mientras que Rudolf, extrovertido y sociable, ejercía de comercial gracias a sus buenas dotes oratorias. Las dos personalidades casaban a la perfección y eso motivaba que sus zapatillas fueron solicitadas por los mejores deportistas de la época. De hecho, en 1936 Jesse Owens triunfó en los Juegos Olímpicos de Berlín calzando unas zapatillas fabricadas por los hermanos Dassler. Para aquel momento Adolf y Rudolf ya estaban comercializando las primeras zapatillas de atletismo para pista y las primeras de larga distancia.

Tan idílica colaboración comenzó a enturbiarse cuando Adolf se casó con Käthe, una mujer de mucho carácter e inteligencia que pronto se implicó en el negocio, motivando que surgieran los primeros enfrentamientos entre los hermanos. La situación se fue tensando con el paso del tiempo y fue durante la II Guerra Mundial cuando se abrió una grieta definitiva. Al parecer, por orden del III Reich, la fábrica familiar se reconviertió en un taller de tanques y repuestos de lanzamisiles, y Adolf se libró de empuñar las armas para hacerse cargo del reconvertido negocio, mientras que Rudolf fue enviado al frente en Polonia. La diferencia de trato fue lo que hizo que Rudolf se sintiera particularmente molesto.

Antes de acabar la guerra, cuando los aliados liberaron Herzogenaurach, Rudolf fue hecho prisionero y fue encarcelado durante un año bajo la acusación de pertencer al servicio de inteligencia de las SS. El mayor de los Dassler, que sentía simpatía por el movimiento nazi, no dudó en acusar a su hermano de traición. Fue entonces cuando la ruptura se hizo evidente y los hermanos dejaron de trabajar juntos. La diferencia de caracteres, ambiciones e ideas políticas fue el caldo de cultivo para que el odio germinara entre los dos hermanos. En 1948 y en medio de una situación muy tensa, Rudolf fundó Dassler Puma a un lado del río Aurach. Mientras tanto, Adolf, que mantuvo las instalaciones originales de la fábrica, rebautizó su fábrica con el nombre de Adidas. Adi por ser el diminutivo de su nombre y “Das” por ser la primera sílaba de su apellido.

Un pueblo dividido

El enfrentamiento de los Dassler fue también el enfrentamiento de todo un pueblo, donde Puma y Adidas mantienen sus sedes centrales. A partir de entonces Herzogenaurach quedó dividido en dos bandos y donde el río Aurach hacía de frontera entre ambos. Esta localidad llegó a ser conocida como “la ciudad de los cuellos doblados” ya que era costumbre entre la gente doblar la cabeza para ver qué calzado llevaba su contertulio antes de iniciar una conversación. Casi todo el pueblo tenía relación directa con una de las dos marcas y la vida del pueblo así lo reflejaba. Los trabajadores y fieles de una marca acudían a bares y tiendas diferentes a los que frecuentaban los trabajadores y fieles de la otra. Incluso los hijos iban a una u otra escuela en función de las simpatías de los padres. También se fundaron dos clubes de fútbol, cada uno con su propio estadio, separados por unos centenares de metros: el RVS, auspiciado por Adidas, y el FC Herzogenaurach, patrocinado por Puma.

Uno de los puntos más candentes de la tensión llegó en la década de los 50 y los 60. Primero Adidas asestó un golpe letal a sus competidores gracias al papel de Horst Dassler, el hijo de Adolf. Este hombre, a quien muchos consideran el padre del marketing deportivo, regaló zapatillas de su marca a un gran número de atletas de los que participaron en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956. Aunque actualmente nos pueda parecer una práctica común el que las compañías regalen sus productos a las grandes figuras deportivas (y en ocasiones hasta les pagan porque utilicen sus productos) en aquella época supuso una revolución ya que hasta entonces la mayoría de los deportistas tenían que financiarse su propio material.

Puma aguardó para tomarse la revancha y lo hizo en el Mundial de Fútbol de México de 1970 y con el brasileño Pelé como principal protagonista. Meses antes del inicio del campeonato, Horst y Armin, hijos de Adolf y Rudolf respectivamente, firmaron el llamado “pacto de Pelé” en el que se especificaba que ninguna de las dos marcas se pondría en contacto con el mejor jugador del mundo en aquel momento para que este publicitara sus productos. Pero en una guerra como la que tenían los Dassler llegó la traición. Poco después de firmar el pacto, Armin se reunió con el brasileño y le hizo una oferta irrechazable: Pelé vestiría de Puma a partir del Mundial y durante cuatro años a cambio de 125.000 dólares más una comisión del 10% de las ventas de las botas que llevarían su nombre. Aunque la oferta tenía un apartado de promoción que fue el que abrió la caja de los truenos entre Puma y Adidas. Armin y Pelé acordaron que en uno de los encuentros del Mundial, el futbolista debería pedir permiso al árbitro para atarse una de las botas antes del pitido inicial. En ese momento, el brasileño se arrodillaría y las ataría con calma para que durante unos segundos apareciera un primer plano de sus zapatillas personalizadas Puma King. Para Puma fue la venganza perfecta. Para Adidas una traición imperdonable.

Actualmente la guerra entre ambas marcas parece cosa del pasado. Y no es para menos. Tras diversos problemas económicos y malas decisiones empresariales ambas empresas han roto lazos con los herederos de Adolf y Rudolf y llevan unas gestiones más profesionalizadas y sin aquellas disputas personales de hace unas décadas. Hasta tal punto se ha ido suavizando la situación que solamente Frank Dassler, nieto del fundador de Puma, se ha mantenido vinculado a las empresas familiares y lo ha hecho en Adidas.

*Foto: www.taringa.net

Share Button