Zaire: la trágica historia que hay detrás de un momento curioso

Selección de Zaire (Foto: www.pasionlibertadores.com)

A lo largo de la historia de los Campeonatos del Mundo de fútbol se han vivido diferentes curiosidades que han quedado grabadas en la memoria colectiva. Una de las más famosas la protagonizó la exótica Zaire en la edición de 1974.

Lo que no todo el mundo sabe es el drama que se escondía detrás de una acción que hizo reír al planeta entero. Para entender la historia vayamos por partes. El Campeonato del Mundo de Alemania Occidental de 1974 trajo la buena nueva de la participación de Zaire (actual República Democrática del Congo), siendo la primera selección del África negra que participaba en una fase final del Mundial. Y lo hacía tras haber firmado una fase clasificatoria envidiable al haber superado a Togo, Camerún, Ghana, Zambia y Marruecos, equipos muy potentes en el contexto africano de aquella época. El dictador de Zaire, Mobutu Sese Seko, había utilizado el fútbol para hacer ver al mundo las evoluciones de su país, de hecho bajo su mandato su nación logró dos entorchados de la Copa de África. Otro cantar fueron los derechos humanos que omitió.

Una vez conseguido el pase para la cita de Alemania, el combinado de Zaire quedó encuadrado en un grupo de la muerte. La vigente campeona, Brasil, una poderosa Yugoslavia, y Escocia, cuyo nivel en aquel momento era muy superior al pobre bagaje que presentan en la actualidad, fueron sus rivales en la fase de grupos. A pesar de lo difícil de la empresa, Zaire se volcó y el equipo no estuvo solo en Alemania. Muchos diplomáticos acompañaron al equipo entrenado por el yugoslavo Blagoje Vidinic en la aventura mundialista.

Lo primero que llamó la atención del conjunto africano fue su camiseta, objeto de coleccionista en la actualidad. La casaca contenía en el centro la imagen de un leopardo, símbolo nacional. También agradó su debut mundialista, cayó 2-0 ante Escocia pero ofreció una buena imagen. Lo peor estaba por llegar.

El segundo envite de los africanos era ante Yugoslavia, un poderoso equipo. Alguien entre los diplomáticos que habían viajado con el equipo decidió, por su obra y gracia, reclamar la ayuda de unos brujos para poder superar el partido. Pero, como digo, lo hizo por su cuenta. La presencia de los brujos no gustó al seleccionador de Zaire, quien los expulsó del hotel de concentración del equipo. El gesto fue considerado como una traición. De hecho, se llegó a decir que Vidinic quería ayudar a su país (Yugoslavia) a costa de perjudicar a los africanos. Cosa de brujería o no, el duelo ante los balcánicos fue todo un suplicio. Con 3-0 en contra, Vidinic decidió reemplazar al portero titular. Y cuando acabó el choque con el definitivo 9-0 para los yugoslavos las críticas al técnico por dicho cambio fueron feroces. Tiempo después el entrenador explicó que recibió amenazas de los diplomáticos de Zaire si no cambiaba al portero.

La situación se había ido de las manos. Y entonces el dictador Mobutu decidió tomar cartas en el asunto y comunicó a los jugadores que si en el duelo final ante Brasil les metían cuatro o más goles lo mejor era que no volvieran a Zaire. Tan duro y explícito como suena. El choque fue puro drama para los africanos. Aunque nadie más sabía lo que había en juego. Brasil se impuso por 3-0 y los jugadores de Zaire lograron evitar mayores problemas. Sin embargo, ese choque dejó una imagen para el recuerdo. En una falta a favor de los sudamericanos, el zaireño Ilunga Mwepu abandonó la barrera y chutó el esférico. La mofa del mundo fue tremenda. “Nos dijeron que éramos unos salvajes, que no sabíamos las normas. Pero no era cierto. Nosotros queríamos perder tiempo para que no nos metieran más goles y tuviéramos un castigo. Además no podíamos decir lo que pasaba”, relató años después el protagonista.

La imagen ha quedado guardada en la retina de muchos aficionados de todo el mundo. Incluso todavía hoy aparece en los zappings sobre los Mundiales. Sin embargo, esa divertida jugada, esa cómica acción, guarda una historia de miedo y drama que no todo el mundo conoce.

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