I love this game: locos por el basket

M¡chael Jordan

A todos esos que no duermen, porque “dormir es de cobardes”. A todos aquellos que se acercaron al basket de la NBA con Ramon Trecet y los acordes de George Michael en Faith, que vieron guerras entre los Bad Boys y los Lakers de Magic.

En los 80 dominaban la NBA los Celtics, los Lakers y los Pistons. Jugadores como Larry Bird, Magic Johnson o Isiah Thomas, por decir sólo tres, hegemonizaban el juego de James Naismith sin que ningún europeo les tosiera. En las retransmisiones míticas de aquellos play offs encarnizados algunos nos aficionamos a este deporte. Eran también los tiempos de una España que, encabezada por Epi, Fernando Martín y Corbalán se coló en la Final Olímpica del ’84 contra Jordan y compañía. Ahora nos hemos acostumbrado muy bien pero entonces era un auténtico hito. En aquella NBA, ochentera y cañera, brillaban también jugadores que no estaban en equipos ganadores: Moses Malone, Charles Barkley, Dominque Wilkins… pero por encima de todos estaba Michael Jordan, el mejor jugador de todos los tiempos.

El tiempo de Jordan llegaría más tarde, varios años después de aterrizar en unos tristes Chicago Bulls, de salvar a Nike en el camino y de enseñar a volar a muchos. En los 90, los Bulls destronaron a los Pistons y arrasaron con un buen paquete de anillos. Jordan ganó 6 con uno de los mejores equipos de la historia, con Pippen, Grant, Kerr, Kukoc o Rodman de escuderos y al frente de la nave el gran Phil Jackson. Air Jordan destrozó todas las estadísticas, ganó cuando quiso, defendió como nadie jamás lo había hecho antes… en fin, ¡qué más os voy a contar! Toda una leyenda aquellos Bulls, esta vez narrados por dos monstruos del periodismo, Andrés Montes y Antoni Daimiel, en sus inolvidables retransmisiones en Canal +.

En los 90 aparecieron otros equipos, como Houston Rockets y San Antonio Spurs, que nunca tuvieron el reconocimiento de los Bulls de Jordan. Ganaron varios anillos, eran equipos aguerridos y acicalados y contaban con alguna estrella inconmensurable: Drexler, Olajuwon, Duncan, Parker… En aquellos tiempos ya había jugadores europeos en la élite, Divac (el Vittorio Gassman que decía Andrés Montes), Kukoc, Parker, Ginobili estaban al primer nivel y eso ya no paró jamás. Capítulo aparte (y probablemente artículo posterior) para uno de mis ídolos de niño, el inimitable Drazen Petrovic, tristemente desparecido. Siempre he sido muy fan de la mirada burlona del genio de Splitz y la lengua de Michael Jordan, lo reconozco.

Otro momento histórico en la historia del baloncesto fue la aparición de la ÑBA en mundo del basket: dos jugadores como Gasol y Navarro pusieron a España en la superélite mundial rivalizando con los intocables americanos. Ninguna selección ha plantado tanta cara a EEUU como España en los últimos años. En 2008, ganaron de milagro y en 2012, igual. Estamos muy cerca, con menor nivel físico, pero con un grado de competitividad e ilusión que eliminan esas barreras. Esas dos finales olímpicas probablemente sean dos de los partidos más espectaculares que yo he visto en esto del basket.

No me quiero olvidar del presente reciente y del presente presente, es decir de Kobe y de Lebron, los jugadores del siglo XXI, versiones 2.0 del Jordan de los 90, uno por físico y determinación, y otro por el basket total que practica en Miami. Ambos ganan y asombran, pero ninguno llega a la grandeza de Jordan, es mi opinión.

En la actualidad, la NBA construye una nueva identidad sobre un grupillo de jugadores jóvenes que auguran un buen futuro, los Curry, Thompson, George, Rose (pobre), Marc Gasol, Durant, Irving… hay para rato, el físico sigue imponiendo su ley pero la creatividad e inteligencia de estos líderes huele a aire fresco. De los nuestros, Ricky, Sergio Rodríguez, Mirotic, Spanoulis, Diamantidis, Bellinelli, Dragic, Parker dominan casi al mismo nivel que los americanos, y esta ha sido la gran revolución del baloncesto, la mundialización de uno de los mayores espectáculos que se puede ver.

Me gusta el baloncesto, fui un buen base y esforzado entrenador, ahora estoy orgulloso de él, por lo bien que juega mi hijo con siete añitos. Trabaja duro y practica hasta la extenuación, el éxito es un 1% de inspiración y un 99 % de transpiración, y diviértete mientras lo haces, sino no te servirá de nada.

I LOVE THIS GAME.

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