Canalladas: Joachim Deckarm quiso, pudo y debió dominar su destino

Joachim Deckarm (Foto: valogatott.blog.hu)

Alemania ha conseguido tres títulos de campeona del mundo de balonmano. El último en 2007, el primero en 1938, que también fue el primer mundial de la historia. El segundo tuvo lugar cuarenta años después, en 1978, y en aquella cita el mundo pudo disfrutar a Joachim Deckarm, tal vez uno de los mejores jugadores de toda la historia y protagonista de este relato.

Deckarm fue un deportista de alto nivel. De juvenil se proclamó campeón de Alemania en pentatlón moderno. También tuvo una destacada carrera como gimnasta. Sin embargo, sus grandes éxitos los obtuvo en el balonmano. En 1973 y con 19 primaveras debutó en el VFL Gummersbach, que por aquel entonces vivía uno de los mejores momentos de su historia. De hecho, el club germano conquistó tres Bundesligas entre 1974 y 1976, así como una Recopa de Europa en 1978 y, sobre todo, la Copa de Europa de 1974. Todo esto conseguido de la mano de un Deckarm que era el verdadero líder del equipo, no en vano, llegó a ser internacional con Alemania en 104 partidos y participó en el Campeonato del Mundo de Alemania en 1974 y en el de Dinamarca de 1978, así como en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976.

Cuentan las viejas crónicas deportivas que Deckarm era un jugador diferente y que tenía mucho potencial por delante. Pero todo eso se truncó el 30 de marzo de 1979. Ese día, el VFL Gummersbach visitó al Tatabánya Bányász húngaro en la semifinal de vuelta de la Recopa después de haber ganado en la ida 18-10. Cuando apenas se habían disputado veintitres minutos se produjo la desgraciada jugada que cambiaría la vida de nuestro protagonista.

La acción se produce en unos pocos segundos. Los germanos elaboran una jugada de ataque que acaba con un disparo en el que el meta de los locales agarra el balón en dos tiempos. Buscando sorprender, el arquero saca rápido para lanzar el contragolpe, aunque el esférico es interceptado por un jugador del VFL Gummersbach quien intenta pasar hacia Deckarm, quien, en plena carrera, choca con el defensor Lajos Pánovics, lo que hace que el germano se desmaye en el aire e, inconsciente, impacte violentamente la cabeza contra el suelo y quede totalmente inmóvil.

Las asistencias médicas trasladaron al jugador hasta el hospital de Budapest, donde permaneció ingresado durante algunos días hasta que se permitió que lo trasladaran a Colonia. El golpe era mucho más duro de lo que cabría esperar ya que los estudios mostraron que Deckarm sufría un traumatismo cranoencefálico grave que, salvo milagro, lo dejaría postrado en la cama. Deckarm estuvo ciento treinta días en coma. Lo operaron de un coágulo en la cabeza y tras la intervención, los cirujanos consideraron que tenía un 50% de posibilidades de sobrevivir. Cuando se despertó se encontraba en estado vegetativo. No podía moverse, tenía una importante deficiencia mental e incluso había perdido el habla y la capacidad de razonamiento.

Joachim Deckarm jugando al ajedrez (Foto: recursos.handballspain2013.com)

A partir de ese momento es cuando podemos comenzar a hablar de la segunda vida de Joachim Deckarm. De la mano de su ex-entrenador en el VFL Gummersbach, Werner Hurter, quien le preparó un plan de entrenamiento especial, Joachim inició su recuperación. Bajo el lema “Quiero, puedo y debo dominar mi destino” que Werner había pegado en el techo de la habitación de Deckarm, este comenzó a realizar trabajos para recuperarse. Y a pesar de que actualmente debe estar con asistencia médica las veinticuatro horas del día, los resultados han sido más que notables. El ex-jugador de balonmano ha sido capaz de recuperar el habla, jugar al ajedrez y hasta puede andar con la ayuda de bastones. Todo un éxito viendo cómo se desarrollaron los acontecimientos.

Por su parte, el otro jugador implicado en la jugada, Lajos Pánovics, no sufrió daños físicos severos, pero sí le quedaron secuelas del accidente. Anímicamente quedó muy afectado y abandonó el balonmano poco tiempo después. “Me gritaban asesino”, recordó sobre la reacción de los jugadores del VfL Gummersbach tras el tristemente célebre partido en una entrevista hace algunos años. “No pude evitarlo. Sólo quería disputar la pelota. No quería hacerle daño”, agregó.

A pesar de la acción y de lo vivido, Pánovics comenzo a visitar a Deckarm durante su estancia en el hospital y ambos se hicieron grandes amigos. De hecho, en 2004 recibieron un reconocimiento por parte del Comité Internacional de Fair Play. Aunque ese no es el único reconocimiento que ha recibido Deckarm, quien también tiene un pabellón que lleva su nombre en la ciudad de Sarrebruck, en la que nació e incluso en 2010 fue nominado por la Federación Internacional como uno de los cuatro mejores jugadores de la historia. Y es que no son pocos los que admiran al hombre que quiso, pudo y debió dominar su destino.

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