Canalladas: El cuento de hadas del Koa Bosco

Koa Bosco (Foto: Luca Spinelli)

El pasado 18 de abril tuvimos conocimiento de una de las peores tragedias que se recuerdam en el Mar Mediterráneo cuando una embarcación sobrecargada naufragó tras chocar con un carguero provocando la muerte de unas 800 personas. Esas personas estaban viajando a Italia con la intención de conseguir un futuro mejor que la vida que habían llevado en África, de donde eran, hasta ese momento. Esas personas no eran las primeras que realizaban ese viaje, del mismo modo que, desafortunadamente, tampoco serán las últimas en hacerlo. La desigualdad entre continentes es tan grande (y cada vez mayor) que este tipo de viajes en condiciones precarias continuarán siendo frecuentes y, me temo, este tipo de desgracias salpicarán nuestros telediarios con una frecuencia indeseada.

Precisamente en unos viajes similares llegaron a la península italiana los protagonistas de la historia que voy a contar hoy. Una historia sobre inmigrantes pero que, a diferencia de lo que suele ocurrir habitualmente, es un verdadero cuento de hadas. Y es que un equipo formado íntegramente por futbolistas africanos, el Koa Bosco, ha sido el sorprendente protagonista de un ascenso de categoría en el fútbol italiano.

Este equipo nacido en 2013 fue ideado por Roberto Meduri, párroco de Rosarno, un barrio de la ciudad de Reggio Calabria. El objetivo principal era el de estrechar lazos y acabar con el racismo, no en vano, esa zona había sido testigo en 2010 de la llamada revolución de Rosarno en la que los inmigrantes se sublevaron ante la mafia calabresa para tener una vida más digna. De hecho, este equipo ha recibido varios premios por su labor en pos de la integración y hasta el vigente campeón italiano, la Juventus de Turín, les invitó a su estadio hace unos meses.

Este equipo, que disputa sus choques en el estadio de San Ferdinando, el campo de refugiados donde vive la gran mayoría, ha vivido una temporada mágica que ha culminado con un ascenso a la octava categoría, la penúltima del fútbol italiano. Además del éxito deportivo y de los logros por su labor, otros éxitos acompañan a este equipo, como el hecho de haber conseguido que muchos de los habitantes de Rosarno acudan al estadio a animarles y ver sus encuentros. Tal vez esa sea la gran victoria del Koa Bosco. Aunque es una victoria un tanto amarga ya que cuando les ha tocado desplazarse a disputar encuentros a domicilio han tenido que soportar insultos, gritos racistas, lanzamientos de objetos y hasta conatos de agresiones, como ocurrió en el estadio del Vigor, equipo de la la provincia de Vibo Valentia, cuyos aficionados amenazaron a los jugadores hasta el punto de obligar a la Policía a escoltar al equipo hasta Rosarno. Al parecer, aquel incidente vino propiciado por un comentario de un aficionado local que grito “deberían haberos hundido en Lampedusa”, una isla conocida como el cementerio del Mediterráneo y en la que algunos de los futbolistas perdieron a seres queridos.

Y es que la vida de estos futbolistas no está siendo nada fácil. La inmensa mayoría llegaron a Rosarno sin papeles y vía Lampedusa. La inmensa mayoría viven en los campamentos de San Ferdinando, un pueblo situado a 8 kilómetros de Rosarno. Casi todos ellos trabajan en la recogida de naranjas, en una situación precaria y rozando la explotación. Pero no les queda otra, necesitan ese trabajo para poder acceder a un permiso de residencia. Además, la inmensa mayoría de los futbolistas aprovecha los días de entrenamiento y de partido para tomar una ducha caliente y poder tener un plato para comer, algo que no todos pueden hacer a diario. Esos son los “lujos” que tienen esos jugadores llegados, fundamentalmente, del África subsahariana.

El éxito del Koa Bosco no es solo el deportivo. Es más, el deportivo es simplemente una anécdota ante la buena labor que realiza esta entidad deportiva, un club que además tiene un coro de gospel y está preparando un equipo de rugby y otro de atletismo. Un esfuerzo titánico para intentar acabar con el racismo y la xenofobia. Un esfuerzo que este año ha tenido un final feliz, como en los cuentos de hadas.

* Autor Foto: Luca Spinelli.

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