La batalla del Cabo de Gata

Cristina González Castaño

¿Nunca os ha pasado el encontraros con un bar nuevo que de repente mola? ¿O encontraros con alguien y pensar dónde estabas? A los curiosos nos pasa. El pasado sábado descubrí las entrañas de un deporte relativamente nuevo para mí, de esos que nos gustan en Picotazos.

Os lo cuento: el sábado un modesto Club de Triatlón de Albacete subió a Primera en la Liga Nacional de Clubes. Seguro que os acordáis de los ascensos del Alba, esos de Floro y Zalazar… pues todavía hay gente de Albacete que se sitúa en la élite. Tiene mérito por lo que supone, pero lo tiene más por de dónde viene, de un grupo de gente de esa que ama el deporte hasta los tuétanos, deportistas de verdad, de los que curran un montón de horas y disfrutan el deporte, individual, pero sobre todo de equipo, como los mejores.

Fui a verlo, la primera vez que veo un triatlón en directo, todo hay que decirlo, pero eso da igual, en el desierto de Almería, allí donde sonaban los acordes de las bandas sonoras de Enio Morricone, donde rebosaba talento Sergio Leone y donde escupía Clint Eastwood en sus spaghetti westerns.

Primero corrieron las chicas, bajo un sol abrasador de post-verano, en la localidad almeriense de El Toyo, en el corazón del imponente desierto del Parque Natural del Cabo de Gata, entorno magnífico y único. Quedaron en un gran 5º puesto, ascendiendo a la Primera División, con un tercer puesto espectacular de Cristina González Castaño, la gran promesa femenina del Club Triatlón de Albacete, de apenas 17 añitos. Fue muy emotivo veros celebrar el ascenso mientras los chicos corrían en la bici, podía imaginar la suma de sufrimientos físicos e intrahistorias de cada una de las integrantes del equipo. ¡Olé por vosotras!

Y luego los chicos. Los vi tirarse al azul Mar Mediterráneo de Almería, enfundados en neopreno. Por lo que he entendido es más que fundamental esto del neopreno (ya os he dicho que escribo este artículo desde una ignorancia relativa). Todos los nuestros salieron del agua en cabeza, hicieron la transición a la bici y se situaron en los tres primeros grupos en dicho tramo. Allí trabajaron en equipo hasta juntar 7 de los 10 del equipo en el grupo delantero, trabajando en equipo como dice el gran Benito “tirando los que pensamos que íbamos a correr menos y protegiendo a los que mejor estaban”. La estrategia salió a la perfección y en la carrera los protegidos remontaron y los que habían trabajado se batieron para guardar posiciones. El resultado fue excelente y abrumador, el Club Triatlón Albacete consiguió el ansiado ascenso a la máxima categoría, aquella donde compiten los mejores, con una 3ª posición a sólo 8 puntos del primer puesto. No hizo falta el mejor Antonio Benito, la gran estrella en ciernes del club, actual campeón de España junior que, en pretemporada, tuvo una discreta actuación y acabo el 17º.

Hasta ahí la crónica, ahora los sentimientos: un grupo de gente majísima como os he dicho, dos generaciones, padres y chicos sufriendo pero disfrutando del deporte, del sentimiento de pertenencia a un club deportivo, sabiendo que la mejor recompensa es dejarlo todo por el equipo. Ese James, el inglés, hablando y comiendo manchegadas, ese Presi con la calculadora y el reloj en la mano, esa afición, encabezada por las futuras generaciones de triatletas. El calor hacía que toda esa panda de manchegos sacara su casta, su animosidad innata, todos ansiaban cerveza y una buena comida, pero esperaron a escribir una de las páginas más bonitas del deporte de Albacete en muchos años, sin duda.

Aprendí mucho más, de neoprenos, de materiales, transiciones, cortes de tiempo, de cómo se anima (“machácala”, “está muerto”, “a por ellos”…), de ofertas de Booking, de las miradas orgullosas de los sufridores y sufridoras, de lo duro en definitiva que es este deporte a la altura de deportes míticos como el ciclismo o el tenis.

Este deporte, denostado por instituciones y abandonado por el gran público, está subiendo como la espuma. Os animo a ver algunos de los fantásticos reportajes de Teledeporte, pero más allá de Gómez Noyas o Rañas, o Brownlees, es un deporte de base, de gente anónima que lo practica por pura pasión. Esperemos que a alguien de Albacete se le aparezca una luz y ponga dinero para financiar un deporte de esta ciudad que basa sus valores en compañerismo, condiciones, técnica, sacrificio y afán de superación… ¿qué más queréis? Os felicito de nuevo Club Triatlón de Albacete.

Espero que el espaldarazo de estar en Primera os dé fuerzas para entrenar este invierno más que nunca, aguantando el frío de nuestra ciudad, luchando, pensad en William Walace y en Al Pacino, sufriendo se consigue lo que uno quiere y, o mucho me equivoco, o conseguiréis cosas importantes en los próximos años.

Yo, El Albatros, humilde escribiente, estaré encantado de seguiros, admiraros y contar de vuestras batallas en futuros encuentros y competiciones.

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