Las locuras normativas en el deporte

Monoplaza de Fórmula Uno

El pasado fin de semana abrió el telón el Mundial de Fórmula 1 de este ejercicio, con la nocturnidad habitual derivada de las migraciones asiáticas. Un día de estos repasaremos a los candidatos al título de este año… cuando consiga comprender las nuevas reglas y cambios de normativa.

De esto quería hablaros hoy: cada año ciertos deportes plantean tantos cambios de reglamentación que no se hace fácil entender lo que está pasando. Y no hablo sólo de Fórmula 1.

Leo con perplejidad que en el Mundial de Motociclismo de este año habrá tres categorías en Moto GP (Factory, Open y Factory 2) que suponen diferencias sustanciales en la capacidad de los depósitos de combustible, en el número de motores disponibles para el campeonato y en el software utilizado. No niego que las últimas temporadas era bastante triste ver parrillas de la categoría reina con apenas 15 pilotos. ¿Pero es esta la solución? No lo creo. Creo más bien que un deporte, sea el que sea, debe proponer cambios normativos para mejorar el espectáculo pero sin alterar su esencia.

Me gusta que el tenis de hace 30 años sea el mismo que se puede ver ahora, con la única salvedad de la introducción de la tecnología del ojo de halcón, que dicho sea de paso, no interfiere en el juego y elimina la mayoría de los errores arbitrales. Que el ciclismo de Mercx o Hinault sea el mismo que el de Contador o Purito, aunque aquí subyace el gravísimo y recalcitrante problema del dopaje.

Me gusta que el baloncesto matice ciertas infracciones en pos del espectáculo, penalizando las conductas antideportivas y violentas. Lo del límite salarial en la NBA es una historia más bien compleja y que me plantea bastantes dudas: no me parece mal que se busque la igualdad mediante un control presupuestario y que el Draft ayude a corregir desequilibrios flagrantes, pero creo que se ha ido demasiado lejos. Es un poco raro ver como este año Lakers, Pistons o Celtics arrastran su historia con resultados lamentables.

Hace años, la natación autorizó bañadores de neopreno con los que los nadadores batieron casi todos los récords y luego se volvió atrás provocando un supino cachondeo, la verdad.

Sin ánimo de ser exhaustivo, hay muchos deportes que han corregido ciertas cosas y que claramente han mejorado su funcionamiento. El boxeo lleva años reinventándose para limitar riesgos y daño a los sufridos púgiles; el árbitro de rugby solicita el vídeo en las jugadas decisivas y se ha cambiado el sistema de puntuación para fomentar el juego ofensivo (perder por menos de 7 puntos aporta en ciertas competiciones un punto extra o bonus defensivo, y ganar ampliamente aporta un punto extra o bonus ofensivo). Curioso también lo del patinaje artístico, y acertado en mi opinión, ya que se elimina subjetividad arbitral al introducir una valoración técnica de saltos y piruetas.

En fin, hay mucha chicha y casuística en todo esto y generalizar no es bueno, pero varios de los organismos gestores, léase Comisionado NBA, FIA, etc., parece que buscan justificar sus estructuras y sueldos con cambios drásticos que aportan más confusión que mejoría.

Lo del fútbol también me desconcierta bastante. Hay tantas sombras como luces: lo de dar tres puntos al ganador de un partido fue un acierto claro, la creación de la Liga de Campeones, la afamada Champions, creó un espectáculo superlativo pero generó desigualdades en los derechos televisivos que dan como resultado ligas de dos como la nuestra o la portuguesa o ligas de uno como en Alemania. Ya nadie sabe cuándo una mano es mano o es balonmano. Los todopoderosos Blatter o Platini llevan mucho tiempo resistiéndose a utilizar la tecnología en pos de una mejor arbitral. No tiene sentido, hay errores que han decidido campeonatos, descensos o Copas del Mundo y seguimos en las mismas, tres, cuatro, cinco árbitros… En la Premier League  inglesa ya no habrá más goles fantasma porque paran dos minutos para verificar si el balón ha entrado o no, tan sencillo. Y me temo que esto ya no hay quien lo pare.

Pienso que en todo este dislate hay demasiados intereses personales o económicos de los organismos gestores o dueños de los equipos, al mismo tiempo que falta sentido común y una idea clara de lo que son los valores éticos de cada uno de los deportes. PICOTAZO a casi todos, sin perdón.

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