Canalladas: Dick Williams y Karl Behr, los tenistas del Titanic

Dick Williams y Karl Behr (Foto: http://mexico.cnn.com/)

El tenis es uno de esos deportes que está plagado de historias y anécdotas tan fascinantes e interesantes como desconocidas para el público en general, como la que traigo hoy y que involucró a los tenistas Richard Williams y Karl Behr, quienes compartieron deporte y el ser dos de los poco más de setecientos supervivientes de la tragedia del Titanic.

Karl Behr era un tenista y empresario de Nueva York que en 1907 fue integrante del equipo estadounidense subcampeón de la Copa Davis y finalista en la modalidad de dobles en el torneo de Wimbledon. En 1912, y bajo la excusa de tener que viajar por negocios, se encontraba en Europa con fines románticos junto a su novia Helen Newsom. Los acompañaron Sallie y Richard Beckwith, madre y padrastro de Helen. El viaje había sido planificado por Behr para convencerlos de que la diferencia de edad (ella 19, él 26) no importaba para que ambos pudieran tener una relación seria y contraer matrimonio. La vuelta a casa en el viaje inaugural del enorme e híper promocionado Titanic era el último paso para lograr la aprobación definitiva de la relación. Behr y sus acompañantes subieron al Titanic en la localidad francesa de Cherbourg, segunda parada del trayecto del barco que había partido de la inglesa localidad de Southampton y que debía acabar en Nueva York. En esa misma ciudad también embarcó el otro protagonista de la historia, Richard Williams (apodado Dick).

A pesar de embarcar en la misma ciudad y de tener los camarotes bastante próximos, Williams y Behr todavía no se conocían. Dick nació en Ginebra (Suiza), ciudad a donde se trasladó su padre Charles, abogado y pariente de Benjamin Franklin, por cuestiones de salud. Williams tuvo una notable carrera como juvenil, algo que le permitió irse a jugar a Estados Unidos y poder ingresar en la Universidad de Harvard. Padre e hijo tomaron el Titanic para viajar hasta Nueva York, donde el joven tenista quería impulsar su futuro, aunque estuvieron muy cerca de perder el barco porque al desplazarse de Ginebra a París bajaron en la estación de tren equivocada, lo que les ocasionó un retraso que estuvo a punto de hacerles perder el Titanic. Finalmente, ambos llegaron a tiempo y consiguieron ocupar su plaza en primera clase de la lujosa embarcación.

La historia del Titanic es de sobra conocida. La noche del 14 de abril de 1912 el crucero en el que viajaban más de 2.000 personas (incluyendo inmigrantes irlandeses, actores, empresarios, políticos, etcétera), impactó contra un iceberg que le produjo un daño irreparable. Nadie imaginaba que semejante y lujosa embarcacion pudiera naufragar. “En nuestras cabezas la idea de que el Titanic se hundiera era absurda”, recordó Behr tiempo después. Cuando comenzó la evacuación el neoyorkino pudo escapar en el segundo bote salvavidas junto Helen, Sallie y Beckwith. El hecho de haber subido a esa embarcación le provocó algunos quebraderos de cabeza, no en vano el tenista fue acusado de no haber cumplido con la premisa de primero mujeres y niños. Sin embargo, Karl apuntó que una de las ocupantes pidió que las acompañaran hombres para remar y que incluso Bruce Ismay (director de White Star Lines, empresa propietaria del Titanic y señalado como uno de los responsables de la catástrofe), dio el visto bueno para que subieran a ese bote y pudieran escapar.

Por su parte, los Williams tuvieron una aventura bastante diferente. Padre e hijo fueron héroes al salvar a un pasajero que se había quedado en el bar, aunque para ello tuvieron que romper una puerta, lo que motivó el enfado de un comisario de abordo que quería cobrarles el arreglo. Aunque finalmente ambos pudieron escapar. Cuando salieron de la zona de camarotes y se disponían a saltar al agua la mala suerte hizo que una chimenea se desprendiera y golpeara a su padre Charles, quien falleció en el acto. Por su parte, Dick cayó al océano, donde alcanzó una barcaza junto a otras treinta personas, de las cuales diecinueve murieron de frío. Richard sobrevivió varias horas con el agua por la cintura. La odisea del tenista no finalizó hasta pasadas las cuatro de la madrugada, cuando el HMS Carpatia apareció y comenzó a rescatar a los supervivientes. Una vez a bordo del barco un médico reviso a Williams y constató que sufría hipotermia en las piernas. Recomendó amputarlas, algo que Dick rechazó con una contundente frase: “Las voy a necesitar”.

Fue en el HMS Carpatia donde nuestros protagonistas se conocieron. Mientras Williams iniciaba la fase de recuperación de sus piernas, Behr se mostraba activo y colaboraba en todo lo que podía, incluyendo la organización de los rescatados, a los que les aconsejó que cuando llegaran a Nueva York no hablaran con la prensa. También tuvo una participación muy activa en las manifestaciones y juicios que llevaron a cabo los damnificados. Al parecer, y según desveló la familia tiempo después, vivía con culpa por no haber podido rescatar a más gente. Al escribir sus memorias ambos tenistas recordaron el momento en el que se conocieron. Richard definió a Behr como “particularmente agradable”, mientras que Karl apuntó que Williams “había tenido una horrorosa experiencia en el agua que casi le cuesta las piernas”.

Titanic (Foto: http://upload.wikimedia.org/)

Al llegar a Nueva York sus caminos se separaron. Williams se fue a vivir con un tío suyo y continuó con su recuperación. De hecho, apenas unas semanas más tarde retornó a las pistas de tenis con éxito, ya que disputó y ganó el Pennsylvania State Championship. Poco después fue campeón del doble mixto en el US National Championships y en septiembre alcanzó el segundo lugar en el ránking de Estados Unidos. Antes de alcanzar semejantes cotas ya se había enfrentado dos veces con Karl Behr. El 16 de julio de 1912 el Longwood Cricket Club (famoso por albergar el primer partido de Copa Davis) fue testigo del primer partido entre Williams y Behr. El suizo, luego nacionalizado estadounidense, se impuso 0-6, 7-9, 6-2, 6-1 y 6-4, demostrando estar totalmente recuperado de los problemas físicos sufridos en el Titanic. Poco después, ambos tenistas se vieron las caras en los cuartos de final del US National Championships (actual US Open). El helvético se impuso por un contundente 3-0 (6-2, 6-2 y 7-5). A partir de ahí, y hasta que Behr se retiró, se enfrentaron al menos en un par de ocasiones más.

Fue el final de la carrera de Behr lo que impidió que ambos tenistas tuvieran más enfrentamientos. Tras haber sido víctima del accidente del Titanic, el neoyorkino se había casado con Helen Beckwith en la que fue conocida como “la pareja del Titanic”, ya que los medios de comunicación indicaron que la propuesta de matrimonio se había realizado en el bote salvavidas, algo que siempre negaron los protagonistas y sus familiares. Con la vida algo más encauzada, Karl comenzó a centrarse en sus negocios y, poco a poco, se fue alejando del tenis, deporte en el cual había llegado a ser número tres de Estados Unidos e integrante del equipo de Copa Davis del país norteamericano. Estos hechos le permitieron entrar en el Salón de la Fama en 1969.

Antes, en 1957, había sido Richard William el que había entrado en el prestigioso Salón de la Fama debido a su buen hacer con la raqueta, no en vano llegó a ser número uno de Estados Unidos y número cuatro del mundo, ganó el US National Championship en dos ocasiones en individuales y en otras tantas en dobles, además conquistó el dobles de Wimbledon y logró la medalla de oro en dobles mixtos en los Juegos Olímpicos de París de 1924. Además, entre 1921 y 1926 formó parte del equipo de Estados Unidos de Copa Davis que conquistó el título todos esos años, en ocasiones compaginando su puesto como jugador y capitán del equipo.

A pesar de la angustiosa situación vivida nuestros protagonistas intentaron pasar de puntillas sobre ella y cada vez que se vieron las caras sobre una pista de tenis el tema parecía ser tabú, especialmente para Dick, quien apenas mencionó el accidente del Titanic a lo largo de su vida a pesar de haber sido cuestionado en numerosas ocasiones. Williams y Behr compartieron pistas de tenis, pero sus vidas quedaron marcadas por haber sobrevivido a una de las tragedias más recordadas de los últimos cien años.

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