Mundial de Brasil, un campeonato con demasiadas sombras (II)

Mundial de Brasil

Las sombras de las que os hablaba la semana pasada de la Copa del Mundo de Brasil en curso tienen muchos más episodios, lamentablemente. Así que prosigamos hablando de ellas…

¿Por qué Brasil invirtió cientos de millones de euros para construir estadios en ciudades como Brasilia, Manaos, Natal o Cuiabá, que no tienen equipos ni en Segunda División? ¿Quién utilizará esos estadios una vez terminado el Mundial?

Brasilia, la capital de Brasil, no tiene equipo en la élite desde hace diez años y la inversión en la reforma del estadio de la ciudad y su conversión en el Mané Garrincha se fue totalmente de las manos hasta un coste de 637 millones, convirtiéndose así en el estadio más caro del Mundial. La Fiscalía ha abierto una investigación para aclarar la sobrefacturación de dinero público en las obras de dicho estadio. Las obras de urbanización y movilidad en su exterior no estarán listas para el Mundial, el estadio presenta diversos problemas que van desde goteras hasta el proyecto de diseño de los baños, que dejan visibles desde el pasillo la zona de los urinarios masculinos. Increíble.

La elección de Cuiabá como sede es absolutamente esperpéntica. La capital del estado Mato Grosso nunca contó con un equipo en Primera División. En la construcción del estadio, el Arena Pantanal, se gastaron 187 millones. A todo esto, la única ciudad del centro-oeste con verdadera tradición de fútbol profesional y competitivo es Goiânia, que cuenta con tres equipos tradicionales del fútbol brasileño. Uno de ellos, el Goiás, es uno de los clubes más importantes del país. Su rivalidad contra el Vila Nova y el Atlético Goianiense llena regularmente los 60.000 asientos del Serra Dourada, uno de los estadios más bonitos del país, construido a finales de los años 70 y sede de los 3 equipos, y perfectamente válido para acoger un Mundial. Pero la FIFA eligió Cuiabá y la explicación del porqué esta elección está más allá de lo estrictamente deportivo. El gran responsable por la elección de Cuiabá como sede del Mundial tiene nombre y apellido: Blairo Maggi, el apodado El Rey de la Soja. El exgobernador y hoy senador del Estado de Mato Grosso es uno de los hombres más poderosos de Brasil y entre los 60 más influyentes del mundo. Más claro, el agua.

Además, los fallos para la modernización de la industria hotelera de las dos ciudades ahora se pueden notar en los precios de las jornadas diarias durante el Mundial. Cuiabá tiene las habitaciones más caras de Brasil durante el torneo, alrededor de 575 euros la noche de hotel. Casi el doble de la media de Río de Janeiro, 274 euros. Brasilia es la segunda sede más cara, con una noche de hotel a 462 euros de precio medio.

Otra de las sedes más exóticas y polémicas de Mundial es la capital del estado del Amazonas, Manaos. Se trata sin ningún tipo de dudas de una de las capitales más pobres, subdesarrolladas, calurosas y problemáticas de Brasil. El entrenador de Suiza, Ottmar Hitzfeld, definió como “casi una irresponsabilidad” que la FIFA permitiera que Manaos fuera una de las sedes del Mundial. Roy Hodgson, de la selección inglesa, afirmó que la ciudad es “un local a evitar”, que le “preocupa más la sede que el rival”. Inglaterra tuvo que viajar casi 3.000 km entre Río de Janeiro y Manaos para enfrentarse ahí a Italia. La misma distancia entre Madrid y Kiev. Y después tuvo otros 3.000 km más hasta Sao Paulo, donde jugó contra Uruguay. Una paliza. El clima brutal de la ciudad promete transformar la experiencia de jugar al fútbol en una verdadera tortura, ya que la selva hace que la humedad nunca baje de los 80% y la sensación de bochorno es sofocante.

A nivel de infraestructuras las cosas no mejoran, el aeropuerto de la ciudad estaba entre los tres peores del país y las inversiones para su acondicionamiento superan los 150 millones de euros. En cuanto al tráfico, Manaos tiene como tantas otras capitales brasileñas un tráfico insoportable y los atascos son el pan de cada día. Pero en este caso el tema se complica ya que la ciudad tiene un sistema callejero mal proyectado, mal mantenido y confuso, donde ni los GSP ayudan, ya que no son pocas las calles con el mismo nombre en diferentes barrios. El sistema de transporte público es penoso, también de los peores del país. No hay metro, sólo autobuses, y su mejoría fue una de las banderas de la campaña de Manaos para ser sede del Mundial. Fue anunciado un proyecto revolucionario que incluía la construcción de una red de metro ligero y un sistema inteligente de autobuses rápidos por toda la ciudad. Dicho proyecto quedó en una promesa sin cumplir. El cambio radical en el transporte público fue la excusa para hacer un estadio, el Arena de la Amazonia, sin parking por lo que se ha decidido que, para evitar colapsos los días de partido, la mejor solución es cerrar todas las calles en un radio de 5 km alrededor del estadio transformándolas así en grandes zonas de aparcamiento. Inaugurada el 9 de marzo, la Arena de la Amazonia costó 220 millones de euros (25% de ellos de dinero público). ¿Pero después del Mundial qué? Apenas cuatro partidos de la primera fase en una sede con inversiones multimillonarias. Manaos es otra ciudad sin apenas tradición futbolera. No tiene equipos ni en Tercera División.

No es de extrañar que con decisiones de este tipo el coste total de la organización del Mundial se haya disparado hasta los 8.000 millones de euros, más de lo que costaron los Mundiales de Alemania y Sudáfrica juntos. ¡Viva el vino!

Brasil ya tuvo un Mundial en 1950 y fue derrotada por Uruguay en la final de Maracaná, gracias a un gol de Ghiggia, que luego llamaría a lo que pasó en Río de Janeiro el Maracanazo. El portero brasileño Barbosa fue señalado y denostado durante décadas. En 1993 fue a visitar a los jugadores de la selección brasileña que preparaban el Mundial de Estados Unidos, pero el cuerpo técnico le negó la entrada al campo porque creían que daría mala suerte. En referencia al partido, Barbosa declaró que “la pena máxima en Brasil por un delito son treinta años, pero yo he cumplido condena durante toda mi vida por lo que hice”. Da la impresión de que el precio que se paga para que Brasil, la pentacampeona del Mundo, tenga una oportunidad de vengar la afrenta es demasiado elevado.

Y lo que viene huele mucho peor, un Mundial en Qatar con probadas corruptelas en la elección por parte de los miembros de la FIFA y un clima que sencillamente no permite celebrar un Mundial en verano, por lo que éste tendrá lugar en diciembre, alterando todos los calendarios futbolísticos mundiales. ¿Alguien puede parar esto, por favor?

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