Canalladas: El misterioso final de Ottavio Bottecchia

Ottavio Bottecchia (Foto: www.oasport.it)

En 1924, el ciclista italiano Ottavio Bottecchia entró en la historia del deporte de Italia al ser el primer corredor del país transalpino en ganar el Tour de Francia. Aunque también es recordado por su misterioso final, apenas tres años después de haber conquistado la ronda gala.

Nacido en 1894 en San Martino di Colle Umberto en el seno de una familia humilde, la vida de Ottavio Bottecchia no fue nada sencilla. Desde muy pequeños, él y sus ocho hermanos tuvieron que ponerse a trabajar para ganarse el pan y apenas tuvieron opción de ir a la escuela. De hecho, Ottavio solamente estuvo escolarizado dos años y no aprendió a leer hasta que fue ciclista profesional. Hasta ese momento, Bottecchia ejerció de albañil y aprendió a montar en bicicleta durante la Primera Guerra Mundial, en la que participó en el frente austro-italiano, formando parte de los Bersaglieri, cuerpo de infantería que se desplazaba en bicicleta para transmitir los mensajes al Estado Mayor. Poco antes de finalizar la Guerra fue hecho prisionero, pero escapó y una vez finalizado el conflicto, y tras obtener la medalla de bronce al valor, decidió dedicarse al ciclismo profesional.

A pesar de su tardía llegada al deporte de las dos ruedas, Bottecchia logró éxitos de forma inmediata y se hizo un nombre tanto en Italia como en el resto de Europa. De hecho, el francés Henri Pélissier, la gran estrella del momento, le ofreció un puesto en su equipo, el Automoto-Hutchinson. Fue allí donde conoció a su compañero y amigo Alfonso Piccin, quien le enseñó a leer y le introdujo ideas izquierdistas que motivaron que solamente pudiera competir en el Giro de Italia de 1923 ya que fue vetado por el régimen de Mussolini. En Francia, por el contrario, su fama iba en aumento, especialmente tras finalizar en segunda posición en el Tour de 1923 por detrás de Henri Pélissier, quien no dudó en señalar al italiano como su sucesor en el palmarés.

En 1924 llegó el gran momento de Ottavio Bottecchia. La edición de la ronda gala de este año estuvo marcada por la retira de los hermanos Henri y Francis Pélissier, quienes estaban en continua disputa con el director de la carrera Henri Desgrange. Sin el gran favorito en ruta, el italiano asumió el liderazgo de su equipo y consiguió conquistar su primer Tour de Francia de forma clara y contundente tras ganar cuatro etapas. Al año siguiente, Bottecchia volvió a realizar una notable exhibición en la Grand Bouclé y volvió a ganar cuatro etapas y a conquistar el Tour de forma incontestable al tener una renta de más de cincuenta minutos sobre el segundo clasificado. Sin embargo, en la novena etapa del Tour de 1926, la que unía Bayona y Luchon atravesando los Pirineos, Bottecchia vivió su particular infierno sobre una bicicleta. Tras una jornada apocalíptica, con mucho frío y una lluvia torrencial, el italiano, enfermo y exhausto, se retiró llorando. Durante los siguientes meses Ottavio Bottecchia se marcó el objetivo de volver al podio en el Tour de Francia de 1927 y para ello se entrenó con dureza durante todo el año a pesar de sufrir la pérdida de su hermano pequeño Umberto, quien falleció tras haber sido atropellado por un coche.

El misterio de su muerte

A pesar de superar todas esas adversidades, Ottavio Bottecchia no llegó a tomar la salida en el Tour de Francia de 1927 ya que cuando apenas faltaban unos días para comenzar la prueba apareció muerto en una cuneta de la carretera de Peonis, donde aquel 3 de junio un agricultor encontró su cuerpo agonizando, con el cráneo totalmente machacado, y lo trasladó a un bar cercano donde el sacerdote del pueblo le dio la extremaunción. De allí fue trasladado al hospital de Gemona de Friuli, donde acabaría falleciendo doce días después del suceso. Y con su muerte se llevó el misterio. Oficialmente Bottecchia sufrió un accidente cuando entrenaba. Primeramente se explicó que había sufrido una insolación y había caído al suelo golpeándose la cabeza con una piedra. Después se especuló con la posibilidad de que un coche le hubiera arrollado. Sin embargo, ambas opciones apenas se podían sostener ya que la bicicleta apareció a unos metros de donde estaba el cuerpo del ciclista, apoyada contra un árbol y sin signos de haber sido golpeada.

Las pesquisas policiales no pudieron ofrecer luz al caso. La única certeza era que Bottecchia había salido de su casa por la mañana y se había acercado hasta el domicilio de su amigo y compañero Alfonso Piccin, quien ese día decidió no acompañarle en el entrenamiento. A partir de aquí lo que ocurrió es una incógnita. A las teorías del accidente se sucedieron otras como que había sido atacado por camisas negras como represalia por sus ideas políticas. La familia, que recibió una buena indemnización, no puso demasiado empeño en saber qué ocurrió y la Policía cerró el caso dando por buena la teoría del accidente.

Sin embargo el caso daría un par de vueltas de tuerca más. Primero un emigrante italiano que residía en Estados Unidos se autoinculpó de la muerte de Ottavio Bottecchia. Y también de la muerte de su hermano Umberto. Según este italiano, que fue detenido por la Policía tras haber sido herido en una reyerta con navajas en el muelle de Nueva York, un dirigente fascista le había realizado el encargo. Nunca se tuvo la certeza que este italiano fuera el culpable y menos cuando, veinte años después del fallecimiento de Ottavio, el campesino propietario de la finca junto a la que apareció el ciclista también se autoinculpó de su muerte. “Vi a un hombre comiendo mis uvas. Le tiré una piedra para asustarle, pero le golpeó. Corrí hacia él y me di cuenta de quien era. Me asusté, le arrastré hasta la orilla del camino y allí lo dejé. Dios me perdone”, confesó el campesino en su lecho de muerte. Sin embargo, esta teoría también mostraba algunas incongruencias. Por ejemplo, se había producido en el mes de junio, mientras que las uvas no solían madurar hasta finales de verano. Además, para romper el cráneo de una persona la piedra debe ser tan grande que hubieran obligado al agricultor a estar cerca del ciclista, lo que hubiera hecho que le reconociera. En la investigación policial que se reabrió entonces se concluyó que ambos, campesino y ciclista, se conocían, y que podía tratarse de un crimen pasional.

Casi noventa años después de su muerte el misterio perdura. ¿Accidente? ¿Crimen pasional? ¿Motivos políticos? Y no parece que se vaya a resolver pronto. Todo lo contrario. Todo apunta a que la leyenda de la muerte de Ottavio Bottecchia permanecerá en la historia del ciclismo, al igual que sus dos títulos de campeón del Tour de Francia.

Share Button