Canalladas: Parma, una ciudad triste

Parma (Foto: UEFA)

Hubo un día, no demasiado alejado en el tiempo, que Parma era una de las ciudades de moda en el panorama futbolístico mundial. De la mano del gigante agroalimentario Parmalat, el cuadro crociati estaba on fire y conquistaba títulos nacionales (tres copas italianas y una Supercopa) e internacionales (dos UEFAS, una Recopa y una Supercopa europea). Parma vivía su sueño. Un sueño que está a punto de ser cercenado por el verdugo. No es que el cuadro parmesano esté al borde de la muerte. Es que la cuchilla de la guillotina ya ha comenzado a cortarle la cabeza.

Dos partidos consecutivos son los que lleva el Parma sin poder jugar su partido de la Serie A. Esta semana ante el Genoa en terreno genovés. La pasada ante el Udinese en el Ennio Tardini, y no lo hizo ya que el combinado parmesano no pudo pagar a los empleados del club. No podía garantizar la seguridad de los aficionados en su propio estadio y aunque pidió jugar a puerta cerrada la Federación italiana se lo negó porque no es el primer problema que sufren. Y es que el máximo organismo del fútbol italiano recibió quejas de la asociación de jugadores y el sindicato de entrenadores debido a los impagos que está sufriendo la plantilla parmesana. Incluso la Federación aparece como uno de los acreedores de una entidad que navega a la deriva, incluyendo dos cambios de propietarios en los últimos dos meses.

La crisis del Parma no es de ahora. Hay que mirar hacia atrás. En 2004 el grupo Parmalat, máximo accionista del club, sufrió un duro revés al descubrirse que su presidente y fundador Calisto Tanzi falsificaba las cuentas. La investigación acabó con el presidente de Parmalat y diez directivos del Parma entre rejas ya que se descubrió que el equipo tenía un agujero de cerca de 11.000 millones de euros. El presidente del Parma, Stefano Tanzi (hijo de Calisto), dimitió y su puesto lo recogió Enrico Bondi, puesto a dedo por la justicia con la intención de cuadrar los números. Bondi vendió a los mejores jugadores y permitió que el Parma respirara. No demasiado, pero al menos le dio algo de vida. En 2007 Thomas Ghirardi tomó el mando del club y pagó parte de las deudas. Prometió hacer un equipo campeón, como en la década anterior, pero en su primera temporada el elenco parmesano acabó descendiendo a la Serie B.

Tras un periplo de un año por la segunda categoría del fútbol italiano, el Parma regresó a la élite y lo hizo sin pena ni gloria. La escuadra crociati se consolidó en la zona media de la tabla, lejos de los títulos, pero también lejos de la zona baja. Y con los problemas económicos sin acabar de desaparecer, de hecho, comenzó a circular el rumor de que el equipo estaba generando más deuda. Y, por desgracia, así fue. En la última temporada de Thomas Ghirardi, los parmesanos firmaron una excelente temporada y finalizaron en la sexta plaza de la Serie A ganándose el derecho a participar en la Europa League tras ocho temporadas sin jugar competiciones internacionales. Pero no fue así. La Alta Corte de Justicia Deportiva italiana negó al Parma la licencia UEFA para jugar la Liga Europa y repescó en su lugar al Torino, alegando que el Parma no pagó 300.000 euros del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) de algunos fichajes.

Sin la participación europea y con el club generando cada vez más deudas, Thomas Ghirardi decidió vender la entidad. Un equipo que cuenta con cerca de 220 futbolistas cedidos a diferentes equipos del mundo, señal inequívoca del caos en el que se había convertido la entidad parmesana. Ghirardi vendió el club a Dastraso Holdings, un conglomerado de empresas chipriota con capital ruso que nombró como presidente al albanés Ermir Kodra. Al llegar a Parma y encontrar el caos que tenían ante sí, los chipriotas decidieron vender la entidad al grupo esloveno Mapi Group. Por un euro. El club estaba tan hundido que ya no tenía valor. Los eslovenos pusieron como presidente a Giampietro Manenti, un individuo que siempre que habla promete pagar los sueldos pero al que luego se le olvida acercarse al banco a realizar los pagos.

Y en esa tesitura, Federico Pizzarotti, alcalde de Parma que llegó al poder de la mano del movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo, ha dado un golpe sobre la mesa y ha pedido respeto para el club. Y no es baladí lo suyo. Ahora mismo el futuro del fútbol en Parma tiene dos opciones. La opción que baraja el alcalde es la de hacer colaborar con la justicia para que el proceso de defunción sea rápido y hacer caso a la Federación, intentar acabar esta temporada como sea y que el año que viene la nueva institución que nazca pueda partir desde la Serie B, la segunda categoría del fútbol italiano. La otra vía es mucho más traumática e implicaría que el equipo se retirara ahora de la competición, que firmara ya su defunción y que el año que viene el nuevo equipo empezara en la cuarta o quinta división. Un drama para una ciudad que ha visto como futbolistas de la talla de Buffon, Thuram, Hernán Crespo, Chiesa, Di Vaio, Asprilla o Thomas Brolin llevaban al Parma a la cima del balompié europeo.

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