Canalladas: La autodestructiva vida de Richie Adams

Washington Bullets

El alma de las Canalladas, que hoy empiezo por tercera temporada de forma semanal en esta web, es el de mostrar historias que no tienen cabida en otros lugares y que guardan un poso interesante pero que por diferentes motivos no han acabado apareciendo en los grandes medios o, si lo han hecho, hace ya mucho tiempo que no se recuerdan. Como la historia de Richie Adams, protagonista de la primera Canallada de la temporada y que ha sido hasta el momento la más complicada historia que he tenido que relatar. Su huella ha sido casi borrada y no son muchos los sitios de Internet que le recuerdan. Y conseguir una foto de él de una calidad lo suficientemente aceptable como para publicarla en la web ha sido, simplemente, una misión imposible.

Seguramente el nombre de Richie Adams no le diga nada a la mayoría de ustedes del mismo modo que tampoco me lo decía a mi. Tal vez si eres un gran fanático de la NBA sabrás que fue un jugador de baloncesto elegido por los Washington Bullets (predecesor de los Washington Wizards) en el Draft de 1985 y que lo apodaban El Animal. Y seguramente también sepas que su desordenada vida fue la que acabó por cerrarle el paso a una más que probable notoria carrera en la mayor Liga de baloncesto del mundo. De hecho solo basta con leer la descripción de Adams que hizo el New York Times en 1991: “El hombre que una vez llevaba la camiseta número 31 como jugador estrella de los Rebels de la Universidad de Nevada, Las Vegas, en la actualidad luce el Nº 89T2957 sobre una chaqueta naranja de una prisión remota en lo profundo de Estados Unidos”.

Adams fue un ala-pívot caracterizado por un tiro nada ortodoxo pero muy efectivo y por un estilo de juego bastante duro, siempre al límite del reglamento. Sin embargo, fue uno de los mejores jugadores universitarios de la década de los ochenta, no en vano llegó a ser elegido mejor jugador de la Big West Conference en 1984 y 1985. Sus buenas actuaciones le llevaron a ser elegido por los Washington Bullets en el Draft de 1985. Paradójicamente, el día que su carrera parecía encauzarse a nivel profesional sufrió un gran revés a nivel personal, ya que ese mismo día fue detenido y acusado de robar un coche.

Su condena

Sus problemas con la justicia y su adicción a las drogas parecían pesar más que su talento con el balón de baloncesto, por ello durante una temporada se fue a jugar a Los Andes de la Liga Nacional Argentina con el objetivo de reengancharse al baloncesto y dejar atrás su caótica vida. Con la escuadra argentina disputó 31 encuentros y promedió 19 puntos, aunque fracasó en su intento de dar carpetazo a sus adicciones. De hecho, algunos testigos de su andadura en territorio argentino señalan que en una ocasión Adams se tiró un plato de harina a la cara pensando que era cocaína.

De vuelta a Estados Unidos se fue alejando poco a poco de las pistas mientras proseguía con su autodestrucción en el Bronx. El dinero que había ganado con el baloncesto lo invertía en drogas (fundamentalmente cocaína). Altercados, peleas y hasta robos hicieron que fuera un habitual de las comisarías. Poco a poco el que fuera una de las grandes promesas del baloncesto estadounidense fue relegado a un tercer plano hasta que volvió a la primera página de los diarios en 1996. Desafortunadamente no fue por motivos deportivos y, ni mucho menos, por algo agradable. En la casa compartida en la que vivía apareció el cuerpo sin vida de Norma Rodríguez, una niña de 15 años. El cuerpo de la joven, a la que según los informes policiales Adams acosaba, tenía diversos golpes en su cuerpo, incluyendo algunos muy severos en la cabeza. A pesar de señalar por activa y por pasiva que él era inocente, Richie Adams fue declarado culpable y condenado a 25 años de cárcel.

Actualmente, Adams se pasa los días rezando en una prisión de Estados Unidos esperando a cumplir su condena (que vence en 2023). Para entonces, ya nadie recordará su historia. La historia de autodestrucción de quien una vez fue una gran promesa del baloncesto estadounidense.

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