Se acabó la Liga

Marcos Senna

Cuando todo (o mucho) queda por decidirse en la última jornada, en 90 minutos, es normal que tras el pitido final de cada partido se vean escenas de alegría o de lágrimas. Con la Liga para el Real Madrid y el Racing descendido matemáticamente, casi todo lo demás eran incógnitas. Y ahí es cuando el fútbol se convierte en el deporte más bello del mundo (excepto para los aficionados de los equipos que acaban con lágrimas, que no pensarán lo mismo que yo). Hace unos días leí un artículo de opinión de un compañero (Joan Casañ, para más señas) que decía que estos últimos partidos eran para los futbolistas de verdad, para los que tienen la mente fría y la sangre helada. Visto lo visto, eran partidos para jugadores como Tamudo o Falcao, que en apenas dos minutos han marcado dos goles que han cambiado la competición. Una Liga, una temporada que se ha decidido en el tiempo de descuento y no exenta de polémica (y la que nos queda, porque recuerdo el tema de los supuestos amaños).

Sea como fuere, eso de que la alegría va por barrios hoy es más evidente que nunca. Mientras que en Málaga, Valencia (por el Levante), Zaragoza, Vallecas y Granada lloran de alegría, en lugares como Pamplona, Villarreal o Gijón lloran de tristeza. Pero he aquí la grandeza del fútbol: su carácter imprevisible. Y dentro de esa grandeza, no quiero olvidar una gesta grande, la del Real Madrid, el equipo de los 100 puntos y de los 121 goles.

En definitiva, la temporada ha llegado a su fin, a falta de la final de la Copa del Rey. Y hoy, después de ver a Casillas recibiendo el título de Liga de manos de Villar (de verlo repetido, porque La Sexta, que lo estaba emitiendo, ha decidido irse a publicidad treinta segundos antes) y recordar que el capitán ha levantado en los últimos años una Eurocopa, un Mundial y una Copa del Rey… me pregunto ¿por qué no otra Eurocopa?

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