Canalladas: El secreto de los Blackbirds

Blackbirds (Foto: liu.edu)

Los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 fueron los primeros que contaron con la prueba de baloncesto y se solventaron con la victoria de Estados Unidos, a pesar de que los norteamericanos no acudieron a la cita con sus mejores jugadores debido al boicot de estos al régimen de Adolf Hitler.

En la década de los años treinta el baloncesto estaba en pañales. Ya había sido deporte de exhibición en Juegos Olímpicos anteriores, aunque todavía no se había profesionalizado. A pesar de ello, el Comité Olímpico decidió que la cita olímpica de Berlín en 1936 fuera la del debut del baloncesto. Eso hizo que las diferentes federaciones trabajaran para confeccionar sus equipos de cara al torneo olímpico. Y eso fue una tarea hercúlea ya que en aquel momento el baloncesto no estaba profesionalizado y resultaba complicado seguir las evoluciones de los jugadores.

En Estados Unidos se decidió que la mejor forma de conformar un equipo era realizando un torneo llamado Olympic Trial con ocho equipos que jugarían entre sí y de los dos primeros clasificados saldrían los integrantes del equipo que acudiría a Berlín. Para aquel evento, los equipos invitados fueron el campeón y el subcampeón de la Amateur Athletic Union, la Asociación Cristiana de Jóvenes, y cinco conjuntos universitarios, que eran los principales favoritos debido al gran nivel técnico que habían mostrado estos equipos. Aunque de entre todos los conjuntos universitarios había uno que sobresalía por encima del resto: la Long Island University (LIU), también conocidos como los blackbirds. El equipo más grande de la nación, como era conocido entre sus adversarios, había acumulado un récord de 33 victorias consecutivas con una diferencia de 23 puntos por partido en la potente División 1 en los dos años previos al torneo que dilucidaría quiénes acudirían a los Juegos Olímpicos.

Así, todo invitaba a pensar que los blackbirds tendrían representación en la cita olímpica de Berlín si participaban en el Olympic Trial. Y eso no era cita baladí ya que este conjunto estaba integrado mayoritariamente por jugadores judíos, a quienes la persecución de judíos en Alemania les tocaba de cerca. Los integrantes de la LIU sufrieron mucha presión en aquellos días. La gente hacía especulaciones sobre cuál sería la postura del equipo y la decisión que tomara el equipo era una cuestión de estado en aquel barrio de Brooklyn.

Tras varias semanas meditando, los jugadores se reunieron con el entrenador Clair Beer en las dependencias del club y decidieron realizar una votación secreta en la que decidirían si acudían a la cita pre-olímpica de Nueva York o si, por el contrario, se mantenían al margen. Finalmente, y tras la votación, el “no” fue la respuesta del equipo a su presencia en el Olympic Trial. “Nuestra convicción es que Estados Unidos no debería participar en los Juegos Olímpicos por el hecho de que se celebrarán en Alemania”, dijo el presidente de la LIU Tristram Walker Metcalfe cuando confirmó la decisión tomada. Así se sumaban a las voces que pedían un boicot por parte de Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de Berlín.

El fin de los blackbirds

Sin embargo, el país norteamericano sí que estuvo presente en los Juegos Olímpicos de 1936. Es más, el cuadro estadounidense realizó un gran torneo y consiguió colgarse la medalla de oro. Por su parte, los blackbirds pusieron fin a su época dorada. Algunos integrantes continuaron jugando a baloncesto en otros equipos de la American Basket League y la Basket Association of America. Otros dejaron la práctica deportiva. Y otros se dedicaron a otros deportes como el béisbol. Este fue el caso de Marius Russo, quien jugó en los míticos New York Yankees junto a Joe Di Maggio y conquistó la Serie Mundial de 1941.

Esta historia fue desconocida hasta hace relativamente poco tiempo. Los jugadores hicieron un pacto de silencio y nadie habló de aquella decisión tomada en el despacho de Clair Beer. No fue hasta 1995 que Leo Merson, integrante de los blackbirds, hizo la confesión a su hija Melissa. Esta se puso en contacto con el Comité Olímpico de Estados Unidos, quien desconocía la historia y se puso a investigar la veracidad de la misma. Tras comprobarla, se realizaron un par de homenajes a aquel equipo. Por un lado, Melissa fue relevista de la antorcha olímpica en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002 como reconocimiento a su padre Leo, fallecido meses antes, y a sus compañeros. Por otra parte, los miembros judíos del plantel ingresaron al Salón de la Fama Nacional del Deporte Judío en Commack, Nueva York.

Donde siempre ha seguido muy vigente esta historia ha sido en la modesta Long Island University. Allí, estos jugadores forman parte del Salón de la Fama del centro estudiantil y son recordados con cariño. Es cierto que el haber ido al torneo de Nueva York hubiera llevado fama a la LIU, pero en esta universidad están muy orgullosos de sus jugadores. Esos que a pesar de las críticas que tuvieron que soportar en su momento se mantuvieron firmes en sus ideales y no los vendieron por una medalla olímpica.

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