Canalladas: Spassky contra Fischer, la partida del siglo

Boris Spassky vs Bobby Fischer (Foto: chess.com)

En 1972 y en pleno apogeo de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos se disputó uno de los enfrentamientos más emocionantes de la historia del ajedrez, el que enfrentó a dos grandes maestros como Boris Spassky y Bobby Fischer y, sobre todo, a las dos grandes potencias mundiales de la historia.

Tras proclamarse campeón del mundo en 1969, el soviético puso su corona en juego en la edición de 1972 en la que el estadounidense logró superar a todos sus adversarios de forma clara y contundente. La final entre el sosegado, educado y bohemino Spassky y el excéntrico, indómito y egocéntrico Fischer había captado la atención del gran público. Y mucho más cuando se convirtió en una cuestión de estado en ambos países. “Estados Unidos quiere que vayas y derrotes a los rusos”, le dijo a Fisher el Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger. Por su parte, la Unión Soviética calificó a Fischer como “una amenaza externa a la que hay que plantar cara con absoluta prioridad”. Las tensiones entre las dos potencias mundiales de la época iban en aumento conforme se acercaba la fecha de la partida e incluso estuvo muy cerca de no disputarse ya que no se ponían de acuerdo con la ciudad en la que se debería jugar. Finalmente, Reykjavik, capital de Islandia, fue la sede elegida.

Con la partida cerca de comenzar, Bobby Fischer mostró su cara más irreverente y se negó a jugar salvo que se aumentaran los premios a los ganadores, cuyo valor era de 125.000 dólares y los finalistas obtuvieran un porcentaje de los derechos televisivos. James Slater, un empresario británico, fue quien solventó la papeleta al añadir 50.000 dólares a la bolsa de premios. A pesar de ello, el norteamericano no estuvo de acuerdo con lo firmado y se presentó en la capital islandesa diez días más tarde, con la ceremonia inaugural ya celebrada. Tampoco estuvo presente en el sorteo inicial de los colores y la Federación Internacional tuvo que hacer la vista gorda para no descalificarlo. Henry Kissinger mantuvo una charla con Fischer y le convenció para que cesara en su actitud, pidiera disculpas por carta a Spassky y se presentara a jugar la final, que se disputaría al mejor de veinticuatro partidas, siendo campeón el primero en alcanzar los 12’5 puntos.

El enfrentamiento

Todos estos altercados parecieron hacer mella en el juego del estadounidense, que tras un fallo de novato perdió la primera partida. Fischer no aceptó la derrota y culpó a todo el mundo de lo sucedido. Se quejó del ruido de las cámaras de televisión, de que las luces se reflejaban en el tablero, de las piezas utilizadas, de que el público estaba muy cerca… Incluso solicitó una serie de cambios que la organización declinó. Y de nuevo surgió el carácter indómito del estadounidense, quien no se presentó a jugar la segunda partida. Con el resultado de 2-0 a favor del soviético todo el mundo le daba como campeón ya que con la igualdad entre los contendientes, esa ventaja se consideraba como decisiva.

Bobby Fischer dio una vuelta de tuerca más al reservar billetes en todos los vuelos que salían de Reykjavik, haciendo que nadie supiera si iba a seguir jugando o si se iba a retirar. El estadounidense volvió a pedir que la tercera partida se celebrara en una sala más pequeña, lejos de las cámaras de televisión y del público. La Federación Soviética pidió su descalificación, pero Spassky accedió ya que no quería ser campeón sin jugar. Y fue en ese momento cuando el soviético comenzó a cavar su propia tumba. Años después, el propio Spassky reconocería que aquella decisión le acabaría costando la partida.

El estadounidense realizó un juego brillante y consiguió darle la vuelta al marcador de forma espectacular. Incluso, según la leyenda, con su adversario aplaudiéndole tras su victoria en la sexta partida de la serie. El norteamericano realizó una estrategia paciente, y de forma inapelable fue minando la resistencia de su rival en el enfrentamiento clave ya que tras la disputa de las cinco primeras el resultado era de empate a 2’5 y con esta victoria parcial Fischer se ponía por delante en el marcador. Las partidas se fueron sucediendo hasta que el 31 de agosto de 1972 se inició la vigésimo primera partida, que fue suspendida tras cuarenta jugadas. Al día siguiente, Spassky comunicaba a la organización que se retiraba, lo que ponía un resultado final de 12’5 a 8’5 puntos.

Caída de ambos

La derrota no sentó nada bien a la Unión Soviética. Durante la remontada de Fischer habían llegado a acusarle de utilizar dispositivos electrónicos y hasta de hipnotizar a Spassky, aunque no pudieron probar nada y sus quejas fueron desestimadas. El hecho de perder el título tras veinticuatro años consecutivos ganándolo y hacerlo ante el principal enemigo, hizo que Spassky quedara relegado a un segundo plano. La URSS empezó a apostar por un emergente Anatoli Karpov, quien superaría a Spassky en las semifinales del Mundial de 1975. Por si fuera poco, Spassky volvió a clasificarse para una final en la edición de 1978 y allí se vio las caras con Viktor Korchnoi, un disidente soviético. Spassky fue derrotado y, de forma automática, entró en la lista negra para las autoridades de la Unión Soviética. Humillado por su propio país, Spassky se nacionalizó francés en 1984. Desde entonces ha disputado múltiples partidas a lo largo de todo el mundo, incluyendo una con Fischer en 1992 en la que volvió a ser derrotado por el estadounidense.

Por su parte, Bobby Fischer no tuvo mejor suerte que el soviético. A la hora de defender su corona en el Mundial de 1975, el americano puso unas condiciones que la Federación Internacional rechazó de forma inapelable, le despojó del título y proclamó campeón a Anatoli Karpov. Tras ese affaire, el estadounidense dejó de jugar al ajedrez hasta la partida de 1992 con Spassky, que se celebró en territorio yugoslavo. Dado que Estados Unidos tenía un veto sobre Yugoslavia en aquel momento, el Gobierno escribió una carta a Fischer para que no jugara en suelo balcánico, pero este apareció en los medios de comunicación escupiendo la carta. Ese gesto hizo que pasara de héroe a villano y que decidiera no regresar a Estados Unidos ante los problemas que pudiera tener con la justicia. Vivió en Bulgaria, Hungría, Filipinas y Japón, donde tuvo problemas con su pasaporte y pasó ocho meses en prisión. Tras regresar a Islandia, el país en el que había alcanzado la gloria, en 2005 se nacionalizó islandés. Poco después, en 2008, una enfermedad renal puso fin a su vida cuando apenas contaba con 64 años de edad. A pesar de la caída en desgracia de los dos finalistas del Mundial de 1972 el duelo ha pasado a la historia del ajedrez como la partida del siglo.

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