Canalladas: Suzanne Lenglen, la mujer que revolucionó el mundo del tenis

Suzanne Lenglen

A pesar de ser una de las mejores tenistas de la historia y ser reconocida por la Federación Francesa, quien dio su nombre a una de las pistas principales en las que se disputa el prestigioso Roland Garros, la historia de Suzanne Lenglen no es demasiado conocida entre el público general.

Esta revolucionaria tenista nació en 1899 en Compiégne, una pequeña localidad cercana a París, y desde muy pronto comenzó a practicar deporte para fortalecer su cuerpo, ya que se trataba de una niña muy enfermiza y sufría crisis respiratorias con frecuencia. Con el objetivo de ayudar a la salud de su hija, Charles Lenglen construyó una pista de tierra en la finca familiar para que la joven pudiera iniciarse en el mundo del tenis.

Desde muy pronto, Suzanne dio muestras de su calidad y su padre no dudó en apuntarla al Tenis Club de Niza, donde se consagró como una gran promesa de este deporte. De hecho, cuando apenas contaba con quince años de edad fue capaz de llegar a la final del Campeonato de Francia, un torneo que con el tiempo sería conocido como Roland Garros. Además, ese mismo año consiguió la victoria en el Clay Copurt Championship, un torneo que ejercía funciones de oficioso Campeonato del Mundo en tierra batida. Sin embargo, su progresión se vio frenada con el inicio de la I Guerra Mundial, que obligó a paralizar todas las competiciones.

A pesar del parón, Lenglen siguió entrenando a la espera del regreso de las competiciones tenísticas. Este retorno a la competición oficial se produjo en el torneo de Wimbledon de 1919, donde la francesa dio muestras de su extraordinaria calidad y con un juego vistoso fue capaz de proclamarse campeona tras ganar en la final a Dorothea Douglass Chambers, quien había conquistado este torneo en siete ocasiones.

La tenista gala, de quien los cronistas de la época decían que “flotaba” cuando jugaba, también llamó la atención por su atrevida vestimenta. En aras de conseguir una mayor comodidad y estética, Lenglen vestía un tul en su cabeza y un vestido que dejaba al descubierto sus brazos y pantorrillas, muy alejado del estilo de la época en el que las mujeres utilizaban vestidos que las cubrían completamente. Ni que decir tiene que su apariencia escandalizó por completo a una sociedad tan conservadora como era la inglesa de principios de siglo XX. Aunque no solo su vestimenta fue motivo de escandalo en Wimbledon. El beber un trago de coñac entre set y set y sus múltiples romances y aventuras le hicieron granjearse una fama de revolucionaria entre el público general.

A nivel deportivo, Suzanne Lenglen vivió una época gloriosa entre 1919 y 1926, años donde consiguió ganar en seis ocasiones Wimbledon y en otras tantas el Campeonato de Francia (Roland Garros), así como tres medallas olímpicas, dos de ellas de oro. Un total de 81 títulos individuales, 73 en dobles y 8 en mixtos fueron el palmarés de “La Divina”, sobrenombre con el que era conocida por la prensa de la época. Su fama era tal que hasta llegó a tener una línea de zapatillas con su nombre. De hecho, hasta su aparición el tenis femenino apenas contaba con el fervor del público, sin embargo, todo cambió con ella, capaz de llenar las gradas cada vez que jugaba e incluso de conseguir que los aficionados tuvieran que hacer largas colas para comprar entradas a sus partidos.

Mal viaje a Estados Unidos

Sin embargo, no todo fue de color de rosa en la vida deportiva de Lenglen, quien en 1921 sufrió un duro golpe. Ese año, y a pesar de estar enferma, aceptó ir a Estados Unidos a jugar unos partidos de exhibición contra la estadounidense Molla Bjurstedt-Mallory, una de las mejores tenistas del momento. Estos encuentros iban a servir para recaudar fondos para poder ayudar en la reconstrucción de varias zonas de Francia que habían sido derruídas durante la I Guerra Mundial. Sin embargo, la organización del Abierto de Estados Unidos la había inscrito en el torneo y había anunciado su participación. Y a pesar de negarse a jugar en un primer momento, Lenglen acabó aceptando. La suerte tampoco ayudó a la francesa, quien, al no haber cabezas de serie, tuvo que enfrentarse a Bjurstedt-Mallory en la primera ronda del torneo.

Enferma y demacrada, Lenglen cedió el primer set por 6-2 y se vio forzada a retirarse durante el segundo. Desconsolada, tuvo que aguantar cómo el público norteamericano la abucheó sin cesar y la prensa norteamericana no dudó en tildarla de caprichosa y consentida. Y todo empeoró cuando tuvo que cancelar todos sus encuentros en Estados Unidos por prescripción médica. Las críticas contra su persona fueron feroces. Tras su regreso a casa, la gala se recuperó de su enfermedad y volvió a las pistas europeas, donde mantuvo su nivel y siguió conquistando torneos.

Años después, en 1926, La Divina sufrió otro incidente que acabaría dañando su reputación y precipitando su retirada como jugadora amateur. En aquel año, Lenglen conquistó el Abierto de Francia de forma incontestable y acudió a Wimbledon con el cartel de gran favorita para lograr el título. Sin embargo, en uno de sus primeros encuentros, la tenista gala se presentó una hora tarde por un error nunca aclarado. Su retraso le costó la eliminación y unas duras críticas por parte de la prensa y aficionados británicos ya que la reina Mary había acudido a presenciar aquel partido y su retraso fue visto como un insulto a la monarquía británcia.

Tras su prematura eliminación de Wimbledon, Lenglen decidió convertirse en tenista profesional con el objetivo de conseguir más dinero. Sin embargo, el dejar de ser amateur le iba a impedir competir en los principales torneos del circuito, que entonces estaban reservados a tenistas amateurs. A pesar de ello, la gala se mantuvo firme en su decisión y en 1927 se desplazó a Estados Unidos para disputar innumerables partidos de exhibición que le propiciaron una ganancia de más de 70.000 dólares, aunque aquellos excesos le pasaron factura a su delicada salud y motivaron que tomara la decisión de retirarse de la competición para abrir una escuela de tenis en París.

Con su escuela, que era un éxito, en marcha, la tenista quedó relegadá a un segundo plano en la vida social de la época. De hecho, durante varios años nada se supo de ella más allá de que regentaba la escuela y escribía libros sobre tenis. Aunque todo cambió en 1938, cuando los periódicos anunciaron que se le había diagnosticado una leucemia. En apenas unos meses y debido a la enfermedad, Lenglen perdió la vista y, el 4 de julio de aquel año, fallecía. Para honrar su memoria, la Federación Francesa dio su nombre a una de las pistas del Estadio de Roland Garros e impulsó una competición llamada Copa Suzanne Lenglen para mujeres mayores de 35 años. Fue la forma de mantener viva la memoría de La Divina. La mujer que revolucionó el mundo del tenis.

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