Canalladas: Un trifulca que trasciende el tema futbolístico

Mihajlovic y Stimac (Foto: www.fss.rs)

El 8 de mayo de 1991 el Partizán Stadium de Belgrado acogió el último encuentro de la Copa de Yugoslavia (o la Copa del Mariscal Tito, que era su nombre oficial) antes de que Croacia se separara de Yugoslavia tras una sangrienta guerra. Ese partido enfrentó al Estrella Roja, que ese mismo año se proclamó campeón de Europa, y al Hadjuk Split, un equipo grande y bastante especial de la extinta Yugoslavia (y también lo es en Croacia, aunque sus problemas económicos le han relegado a un papel secundario en los últimos años).

Ya de por sí el choque tenía ingredientes más que de sobra para que el ambiente en las gradas estuviera caliente (como suele ser habitual en Los Balcanes). En ese partido los futbolistas del Hadjuk jugaron con un brazalete negro en honor a doce policías croatas que habían sido asesinados por una milicia serbia unos días antes en Borovo Selo, un suburbio de la ciudad de Vukovar, una localidad croata en la que hasta entonces habían convivido pacíficamente croatas y yugoslavos, pero que posteriormente se convirtió en una de las ciudades más devastadas por la guerra. Por si eso fuera poco, los jugadores del Hadjuk se negaron a entonar el himno yugoslavo, con lo que la tensión se podía cortar con un cuchillo.

Sobre el césped, algunos de los mejores jugadores de aquella generación yugoslava que años antes, en 1987, habían conquistado el Mundial Sub 17. Junto a ellos había otras grandes estrellas. Así, podemos citar a Slaven Bilic, Alen Boksic o Robert Jarni por parte del Hadjuk Split; o a Robert Prosinecki, Dejan Savicevic o Miodrag Belodedici por parte del Estrella Roja. También estaban los protagonistas de esta historia, el futbolista y capitán del Hadjuk Split, Igor Stimac, y la joven promesa del cuadro serbio Sinisa Mihajlovic, quien descendía de padre serbio y madre croata y había nacido en la ciudad de Vukovar.

Conviene señalar que en los albores de la guerra Mihajlovic no era particularmente bien visto por los seguidores del Estrella Roja, por lo que tuvo que renegar de su pasado croata con varios actos y, según se cuenta, su actitud en la final copera ante el Hadjuk fue uno de ellos. Unos actos que le permitieron hacerse amigo de Zeljko Raznatovic, un paramilitar serbio más conocido como Arkan y que ha sido condenado por crímenes de guerra. Probablemente esa amistad evitó que Mihajlovic tuviera que encarar problemas mayores durante su estancia en Belgrado, ya que los hinchas del Estrella Roja respetaban mucho a Arkan y este protegía al internacional serbio.

Las expulsiones de Stimac y Mihajlovic

La última final de la Copa del Mariscal Tito se solventó con la victoria del Hadjuk Split por 1-0 gracias a un solitario gol de Alen Boksic a los 65 minutos de partido, aunque siempre se recordará por las expulsiones de Igor Stimac y Sinisha Mihajlovic. No hay ni una sola certeza sobre lo que ocurrió sobre el terreno de juego más allá de las dos rojas fruto de una trifulca en la que se vieron envueltos estos jugadores. Por un lado, hay quien dice que en su afán por ganarse el fervor de los serbios Mihajlovic mantuvo una actitud muy agresiva contra los oponentes durante todo el partido, y que tras lesionar a Kovac después de una dura entrada los croatas se cabrearon y se montó la tángana y la agresión verbal de Stimac que desencadena en una agresión de Mihajlovic y en una doble roja.

Otra versión es que Stimac le dijo algo a Mihaljovic al inicio del partido que hizo que al serbio se le cruzaran los cables y tratara de lesionar al croata durante todo el partido, hasta que llegó la trifulca en la que ambos fueron expulsados. Lo único que parece claro es que Stimac hizo un comentario a Mihajlovic que hizo que este acabara agrediendo al croata, concretamente, y siempre según las palabras del ex seleccionador serbio, el croata le espetó: “Ojalá nuestros chicos maten a toda tu familia en Borovo”. Hasta la fecha Stimac se ha limitado a negar la mayor.

Hace tres años, en la fase de clasificación para el Mundial de Brasil, Mihajlovic y Stimac se volvieron a ver las caras, uno como seleccionador serbio y el otro como entrenador de Croacia. En ese partido ambos dieron muestras de tener un gran respeto por el otro y mantuvieron la cordialidad durante el partido, así como en los días previos y posteriores al mismo. Ambos quisieron mirar hacia otro lado y no reabrir viejas heridas. Tal vez sea lo mejor. Aunque en la memoria colectiva siempre quedará el recuerdo de aquella tarde de mayo del 91 en Belgrado, cuando dos futbolistas, dos referentes del fútbol mundial, se enzarzaron en una trifulca que trascendía lo futbolístico. Un gesto que es considerado como el inicio del final de la antigua Yugoslavia.

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