Ya no soy un Farfollas, por Vicente Albujer

José Luis Rechén siempre dijo, y así será mientras él mismo no diga lo contrario, que Farfollas es aquel atleta popular que puede tener muchas o pocas carreras, una o varias medias maratones, pero sólo dejará de ser Farfollas aquel que haga su primera maratón con sus 42 kilómetros y sus 195 metros.

Ayer fue el día elegido para realizarla, pero el pensamiento comenzó mucho antes y se puso en marcha un 12 de agosto, con 14 semanas por delante no exentas de trabajo, kilómetros, series y, sobre todo, constancia, empeño, sacrificio, lágrimas de tristeza, alegría, trabajo en soledad o compañía. No puedes dejar de hacer el trabajo llueva, haga calor, viento… este sacrificio no es sólo tuyo, hay una parte muy importante en el trabajo diario y ellos también tienen su premio: la familia, mi mujer Rosa, mis hijos Alejandro y Claudia. El tiempo que a ellos les robé sabía que sería recompensado con mi alegría de conseguir que este reto fuera una realidad, y así lo fue.

Han sido noches de insomnio y pesadillas, parecía como la obsesión se apodera de tu mente y no hay nada más allá del corredor que llevas dentro, pero hay que saber diferenciar entre la vida y el deporte, porque no toda la vida es deporte, ni el deporte es toda la vida. Si valoras todo lo que te rodea siempre lo podrás mantener, si sólo valoras lo que tú quieres perderás lo que en realidad te da la vida, la familia. Tras todo esto llega esa fecha señalada en el calendario: 17 de noviembre de 2013. Tanto esperar y ya llegó ¿Y ahora qué? Pues nada, a afrontar aquello a lo que nos comprometimos en su día.

Preparadas zapatillas, camiseta, pantalón, algunas vitaminas para tirar de ellas en momentos puntuales de la carrera y, sobre todo, tirar de mochila virtual, ésa es la mochila en la que he guardado consejos de quienes ya no eran Farfollas y son grandes atletas y personas como Laura Villar. ¡Y vaya si me han servido! Ha sido la mejor vitamina para encontrar esa fuerza que en momentos puntuales o no tienes o te falta. Mochila virtual llena de ánimos de gente que te quiere y te apoya desde la distancia.

Son las 09:00 de la mañana, suena el pistoletazo de salida, tardamos tres minutos en cruzar la línea de salida… somos 11.300 participantes y hasta llegar cuesta, paralelos a nosotros los 8.000 del 10K. Todos salimos a la vez y separados por un muro, somos 19.300 ¡Qué pasada! Vamos a comenzar a disfrutar y vaya si lo hacemos. Voy con mi cuñao Chugo desde el kilómetro 1, hablamos de lo que estamos viendo, de la gente, de la experiencia, cada vez que vemos a uno de Albacete o provincia le saludamos, le animamos.

Pasan los kilómetros y ya tenemos los 10 primeros, vamos bien, seguimos avanzando y seguimos disfrutando, ¡cómo no! Nos metemos en el 21, ya tenemos la distancia de tantas medias maratones que hemos disfrutado este año y seguimos. La cosa se anima, vemos a la familia, las sobrinas nos animan, esto marcha y vamos devorando kilómetros a la vez que recogemos aplausos incansables de la ciudad de Valencia ¡¡Gracias!!

Nos vamos metiendo al centro de Valencia y veo al fondo el Miguelete, pero vemos antes a Mari Carmen, valenciana de nacimiento pero chinchillana de corazón ¡Bien! Más gasolina para comer kilómetros. Nos vamos acercando al 35, cada vez hay más gente, música, animación, aplausos. En un momento de euforia miro hacia atrás y no encuentro a mi cuñao, no lo veo, ha parado a beber isotónico, así que aguanto un poco hasta que nos unimos otra vez.

Un kilómetro más tarde tengo la sensación de que los músculos se quedan sin potasio y algo empieza a fallar, son tres kilómetros de molestias y subidas de gemelos, pero no hay dolor. Estamos a tres de la gloria y nada ni nadie nos va a parar. Veo gente andando, caídas en el suelo, exhaustos, sin ganas de continuar y esto te hace pensar que podías ser tú, pero no quieres ser tú ¡No! Me niego, estamos en el 40, vemos a la familia otra vez.

Vicente Albujer

Ahora no nos detiene ni la Policía, descendemos a la Ciudad de las Artes y las Ciencias ¡Qué ambientazo, qué gentío! Aplausos. Kilómetro 41, mi cuñao dice “nos queda la gloria” y así es. Kilómetro 42, pasarela azul sobre el agua, al final está el objetivo: 42 kilómetros, 195 metros. Ahora sí, me fundo en un abrazo con mi cuñao, lloro, me emociono, me acuerdo de todo lo que he sufrido y disfrutado para llegar a este día.

Y miro al cielo como me dijo Villaescusa para acordarme de los que no están, mi PADRE y mi amigo PEDRO. Me dejo para lo último lo que supone ser lo más importante, junto con mi mujer Rosario y mis hijos Alejandro y Claudia: mi club, mis amigos, mis compañeros en el atletismo, mis directivos y, sobre todo, mi maestro en este mundo, Andrés Navarro Toledo.

Gracias a todos por vuestros ánimos y, como ya no soy Farfollas, próximo objetivo… DISFRUTAR DE ESTE DEPORTE.

* Artículo escrito por Vicente Albujer, atleta del Club de Atletismo Chinchilla, tras participar en la Maratón de Valencia.

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