Zambia: El milagro de Hervé Renard

Zambia (Foto: www.elcomercio.es)

Recientemente el fútbol africano ha sido noticia por la histórica victoria de la selección de Libia en la pasada edición de la Copa de África. Sin embargo, yo no voy a hablar de las bondades del juego del conjunto de Javier Clemente.

Voy a hablar de otra selección que esta haciendo un notable trabajo, Zambia, y que de la mano de Hervé Renard maravilló al mundo hace un par de años.

Históricamente, Zambia ha sido uno de los conjuntos mas débiles de África, aunque también ha sido muy voluntarioso y con una alta capacidad de superar las adversidades. Fue ese trabajo lo que le llevó a participar en los Juegos Olímpicos de 1980 o a superar la primera fase en los de 1988. El trabajo que realizaban los técnicos de las categorías inferiores de Las Balas de Cobre estaba dando sus primeros frutos. No en vano, en la fase de clasificación al Campeonato del Mundo de 1994 eran, junto a Camerún, el equipo a batir en África. Pero he aquí que el infortunio se cebó con el bravo equipo zambiano. El 27 de abril de 1993, el avión militar que transportaba a la selección sufrió un accidente causando la muerte de todos los pasajeros cerca de Libreville (Gabón). El desgraciado accidente, además, no ha sido muy bien aclarado por el gobierno y eso ha hecho que familiares y amigos de los supervivientes hayan impulsado una asociación para tratar de esclarecer los hechos. Aunque eso es harina de otro costal.

En abril de 1993 Zambia sufrió ese importante revés. Apenas unos meses después, en 1994, y en plena renovación, el fútbol zambiano volvió a brillar con luz propia al proclamarse subcampeón de la Copa Africana de Naciones y logrando extraordinarios resultados que le llevaron al decimoquinto lugar del ránking FIFA en 1996, su mejor puesto hasta la fecha. Pero ahí tocó techo y comenzó una caída libre hasta las cloacas del balompié africano. Todo el buen trabajo realizado durante las décadas de los 70 y los 80 se fue al traste y Zambia dejó de ser un equipo temible y respetado.

Pero eso cambió. En 2008 el francés Hervé Renard cogió las riendas del equipo de Zambia y comenzó el proceso de reconstrucción del equipo. Un proceso que llevó a cabo desde las categorías inferiores y en el que potenció el fútbol local, principalmente en torneos organizado por la Cecafa, que es una asociación de selecciones nacionales del Este y el Sur de África. Estos torneos, alejados de los grandes focos mediáticos, suponen un gran aliciente para potenciar el balompié africano en todas sus facetas. De hecho, técnicos y jugadores tienen la oportunidad de brillar para conseguir un futuro algo mejor, pero también los aficionados disponen de un gran aliciente ya que pueden disfrutar de una competición semiprofesional, por ello, es frecuente que los estadios presenten una buena entrada de gente que, como es normal en África, disfrutan de los partidos con mucha pasión.

La participación de Zambia en estos eventos no fue especialmente destacada. Algunos buenos resultados y, sobre todo, el comenzar a tener una identidad propia de juego, la que Hervé Renard quería imponer, fueron sus principales méritos. La semilla estaba plantada y Zambia ya comenzaba a remontar el vuelo. Hasta que apareció otro obstáculo. En 2010, Renard cambió de selección y se fue a entrenar a Angola. Allí no tuvo demasiado tiempo y unos meses después entrenó al USM Alger de Argelia, aunque tampoco duró mucho la aventura. Así, en 2011, el técnico galo regresó a Zambia para continuar con el trabajo que había iniciado en 2008.

Copa de África

Lo que ocurrió a partir de aquí forma parte de la historia del fútbol. Zambia alcanzó el puesto 84 de la FIFA en puertas de disputar la Copa de África de 2012, donde sorprendió a propios y extraños al conseguir proclamarse campeona africana por primera vez en su historia. Gabón y Guinea Ecuatorial fueron los organizadores del torneo que iba a dar a conocer el nuevo potencial africano al mundo entero.

Zambia quedó encuadra en el Grupo A junto a Guinea Ecuatorial, Libia y Senegal. Los de Renard lograron el primer puesto tras ganar dos encuentros y ceder un empate ante el combinado libio. En cuartos de final, el cuadro de Zambia goleó a Sudán y alcanzó la penúltima ronda del torneo, esa fase que había conquistado otras veces pero que casi siempre suponía su techo. Pero esta vez no iba a ser así. En un partido memorable, el equipo de Renard conseguía doblegar a la todopoderosa Ghana gracias a un tanto de Mayuka a diez minutos para la conclusión del partido. La alegría se desbordó entre jugadores, técnicos y aficionados. Zambia estaba de vuelta.

Días después, Zambia debía disputar la final del torneo ante Costa de Marfil, el gran coco africano en los últimos años. Aunque antes de disputar el choque en Libreville, la delegación de Zambia cumplió con un ritual de obligado cumplimiento: visitar el lugar donde dieciocho años antes habían perecido los integrantes de la Zambia de 1993.

Tras ese acto, los jugadores afrontaron la final ante los elefantes con toda la ilusión de hacer una gesta. Y la hicieron. En un interminable encuentro con prórroga incluida y tras 18 tiros de penalti, conquistaron el título. Antes, en el minuto 70, Drogba había marrado una pena máxima que hubiera podido cambiar la historia. Aunque también Costa de Marfil salvó los muebles en varias ocasiones, como en un disparo a la madera de Katongo. Sea como fuere, la final se decidió en la muerte súbita y, por una vez, la suerte favoreció al bravo equipo de Zambia.

Ese título fue la consagración de Zambia como un aspirante a grandes cosas (entiéndase por participar en un Campeonato del Mundo). El trabajo de Hervé Renard está dando sus frutos, aunque ahora habrá que ver cómo evoluciona el fútbol zambiano ya que el técnico francés ha dado el salto a Europa ya que desde hace unos meses es el entrenador del Sochaux, de la Ligue 1 de Francia.

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